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Aceptó el reto y pulsó el botón rojo, y al hacerlo lo único que recordó fue el ridículo comercial de aquella escuela de inglés en el que decían “push the red button” y sonrió.
Pasaron quizá unos segundos en los cuales no supo bien a bien qué había hecho, pero de pronto la puerta se abrió y ante sus ojos había un campo minado (claro, nada mortal) el cual tenía que librar sin pisar ninguna de las minas, y al final del campo encontraría, si lo lograba, eso que tanto buscaba. Dio un paso al frente, y la puerta se cerró detrás de él; los aplausos que se oían dejaron de escucharse y se dio cuenta de que estaba solo, que ya nadie más lo veía. Pero, ¿y si ya no quería hacerlo? ¿Cómo regresar? No había nadie a su alrededor, nadie a quién pedirle que le abriera la puerta ni lo dejara regresar, sintió deseos de gritar pero se contuvo. Tendría que seguir adelante; dio un paso al frente. Analizó el campo, no era tan grande, no se veía mucho camino por recorrer… sí, lo haría.

Inició su recorrido, y mientras daba un paso y luego el segundo pensaba en su vida, su familia, sus amigos, en el trabajo que lo había obligado a renunciar después de 20 años de servicio, en esos compañeros que no lo defendieron cuando las cosas se pusieron candentes. Del jefe aquél que siempre decía que nadie hacía mejor el trabajo, y que a la hora de la verdad no sólo no lo ayudó, sino que lo hundió. Recordó a sus hermanos y a sus padres, los cuales siempre habían estado a su lado y lo habían apoyado en todas sus decisiones; menos en esta. No entendían por qué aceptar este reto, para qué poner todo en riesgo si ni claro el objetivo tenía. Y pensó, pensó más y un paso más dio.

¿El objetivo?, se preguntó… y dándoles la razón se dio cuenta de que no había tal. Ni siquiera sabía qué encontraría al final del camino, no sabía qué era lo que más deseaba en el mundo, qué era lo que buscaba, qué lo haría feliz. Un paso más, este lo dio a la derecha cuidando su pisar, y pensó en ese viaje, el viaje que lo había llevado a hacer lo que finalmente lo llevó a terminar con todo lo que conocía y que le era rutinario y familiar. Un viaje que planeó por meses, o serían años… o tal vez nunca lo planeó, simplemente se embarcó. Pero sí, un viaje así volvería a hacer, eso, eso sería lo que en este momento lo haría más feliz. Lo llevaría a encontrar lo que tanto buscaba, y que sin encontrar perseguía.

Dio un paso más y dos a la izquierda, no sintió cuando al final del camino había llegado, no supo cuánto tiempo había transcurrido; horas, tal vez días, ni supo tampoco cómo lo había logrado, simplemente caminó, siempre pensando en todo lo que en su vida pasaba, y así sin más ni más terminó. Nuevamente el botón rojo tenía que pulsar, y fue entonces que…

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