Home

10448752_10152476760806912_7550700657053110619_n

Hay ocasiones en que me levanto y siento como si hubiera recibido 2 escopetazos mientras regresaba caminando desde una fiesta que duró 4 días. Pero no todo es verdad: los perdigones, la fiesta y la caminata son grandes falacias. Lo demás sí es un hecho. Una constante. Esa sensación de ser abortado del mundo constantemente es una pesadilla.

Estoy lleno de malestares y desde que tengo memoria nada me ha salido bien. Hacer una lista de malas experiencias sería una más y me pondría de un humor mucho peor. Aunque, de cierto modo, yo sé que acomodé las fichas de esa forma para obtener este resultado tan negativo. Pero, no lo tomen como una queja. No es eso.

Los cambios requieren tiempo y no todos son capaces de adaptarse a ellos. Aunque cuando recibes una oferta interesante hay que tomar un poco de tiempo y analizarla. Yo no tuve oportunidad de eso. Supongo que dije que sí porque realmente no tenía muchas opciones. Cuando te ponen una máquina de toques en la parte baja de la nuca y la encienden no te queda mucho que pensar o negociar. Sólo aceptas.

El corazón es un músculo que necesita llenarse de adrenalina, pero en ciertas ocasiones yo no abro la vena y aviento el potente líquido. En esta ocasión fueron ellos. Una jauría de bastardos con poco cerebro y muchos cojones tomaron la decisión. Esa es mi teoría. Gracias a ellos esos despertares con taquicardia siguen siendo constantes. Quiero agradecer a La Academia y a todos los que hicieron posible este proyecto.

Pasas de una vida de mierda a otra vida de mierda pero en un lugar que no conoces, que no te parece familiar y no sabes ni para qué estás ahí. “¿Cómo llegué aquí?” es una pregunta que no tiene cabida en momentos como éste. No importa.

En situaciones similares cualquier persona “normal” pasaría del miedo al pánico y posteriormente al terror. Yo caminé en sentido contrario hasta llegar a la calma y luego a la curiosidad. El lugar es una pequeña construcción a la que yo llamo “departamento” y la única ventana que tiene vista al exterior muestra un conjunto de edificios de, supongo, la ciudad en la que usualmente me dedico a perder el tiempo y un poco de vida cada día. Haciendo cálculos, debo estar en un piso más allá del 15 de otro edificio, pero realmente no puedo decir con seguridad en qué punto geográfico estoy.

Este lugar parece que sobrevivió a un terremoto que sucedió hace años pero que fue infectado con el cáncer del olvido y al cual nadie se preocupó por inyectarle vitalidad. Hay comida enlatada, energía eléctrica y una colección bastante considerable de discos de vinil junto a un tocadiscos poco cuidado pero que funciona muy bien.

No es un lugar lúgubre pero no deja de parecerme un tanto extraño en el sentido de no saber qué hacen todas estas cosas aquí, como un rompecabezas diseñado por un demente. Hay “colecciones” de cosas que llaman la atención. Aparte de los LP´s hay un conjunto de relojes de tantos tipos que hacen que minuto a minuto me vuelva un poco más loco. Todos funcionan pero ninguno coincide en una hora específica. Ni siquiera creo que avancen a un ritmo parejo entre sí.

¿Qué hace todo esto aquí? ¿Qué hago yo aquí? ¿Por cuánto tiempo estaré metido en esta pseudo prisión confortable pero desquiciante?

Las horas siguen pasando y hasta este momento no han sido insoportables. Sigo aquí porque he intentado las obvias maneras de salir y ha sido una tarea inútil: Gritar por la ventana que apenas alcanzo y poco se puede abrir, golpear y tratar de abrir o romper lo que creo que es una puerta, pegar en las paredes… “Todo”, desde mi perspectiva mediocre de un prisionero en una celda VIP.

Dejo de contar las horas y cuento los discos que han sonado sólo para mi deleite y morbo. Mis compañeros han sido Emerson, Lake & Palmer, Gershon Kingsley, Los Rolling Stones, Ennio Morricone y hasta Erik Satie. Me aburro pero no dejo que la música se detenga. Dejemos que la locura todavía no toque a mi puerta.

Lo que suena después de muchas revoluciones es una pequeña alarma tipo despertador que activa el mecanismo de la “imposible de abrir” puerta del departamento que me tiene como huésped. Dentro de mi torcido pensamiento aparece una voz que dice “Qué raro que ahí suene una alarma y no en los relojes de mi colección privada”. Ya se, estoy más dañado que antes.

La puerta se abre y aparece un hombrecillo sudoroso con cara de asustado rodeado de 3 paredes imposibles de franquear. Entre él y yo sólo hay una frontera de acrílico tan gruesa que ni una sesión continua de golpes de martillo podrían abrirla. Después de lo que creo que fueron diálogos imposibles, gritos, insultos y preguntas, ambos sabemos que ni él me escucha ni yo a él. Ambos desconfiamos, pero al finalizar el lado 2 de un disco de Miles Davis, mi diminuto antagonista termina en el suelo recargado en la pared transparente y de su sudadera deportiva cae lo que parece un pequeño control remoto. Nos quedamos con cara de felicidad que se convirtió en duda y ahora lo convertimos en un reto.

El desgraciado aceptó el reto y pulsó el botón rojo.

Yo siempre hago lo mismo, pase lo que pase.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s