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Esa noche no deseaba salir con nadie, sólo era un ataque de ansiedad lo que tenía y necesitaba caminar en solitario con mis pensamientos para desbaratar el estrés que me confundía.

Cuando lo encontré, me fui acercando para no hacer el oso de saludar a alguien de lejos que de cerca no has visto en tu vida, pero en fin, me di cuenta que era aquel joven que en mi época de preparatoria hacia reaccionar varias partes de mi cuerpo que en ese tiempo ni sabía cómo se utilizaban, pero en aquel entonces él era solo mi amigo de fiestas, cómplice de embaucar a otros para tener dinero suficiente y divertirnos, solo que ahora se veía más grande, con menos pelo, obvio más hombre, habían pasado 20 años de esos maravillosos 18, era obvio que hasta yo había cambiado mucho. Aun así, me acerqué para saludar pero él volteo a verme de modo coqueto y sin reconocerme, así que me dije “acepto el reto y jugaré un rato como lo hacía antes con éste que no me recuerda”, apreté el botón rojo y le respondí el coqueteo dejando que él tuviera la iniciativa de hablarme

Así fue que me invito a sentarme en su mesa, hablamos de lo que hacia esa tarde en la plaza, sobre a qué nos dedicábamos, no quise llevarlo al pasado hasta divertirme más, me gustó de nuevo su sonrisa, su mirada traviesa, solo que esta vez tenía algunas marcas de la edad y ojeras; en un momento de la plática me insinuó nos perdiéramos esa tarde a su casa donde no era necesariamente seguir la plática ni recordar el pasado, ya que él seguía sin reconocerme, así que decidí aceptarlo, total mi ansiedad estaba confundida entre mi deseo y adrenalina de juego.

Fuimos a su casa, bebimos solo una copa cuando comenzamos a besarnos y tocarnos. Había olvidado el rush de una aventura y lo hicimos, es más, me divertí y gocé tanto esa tarde-noche con él al poder saciar mi deseo adolescente y por la travesura que era saber que yo sí lo reconocía.

En la madrugada que desperté para escapar y dejarle una nota de burla y mi teléfono, solo pude encontrar un recibo telefónico, así que lo tomé y cuando iba a comenzar a escribir verifique su nombre y fue ahí donde descubrí que mi ataque de ansiedad había sido calmado por una ilusión y que ese hombre dormido y roncando no era aquel de la prepa sino de verdad un desconocido al cual desperté con mi carcajada nerviosa mientras salía de su casa.

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