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Tras el beso

Hacía tiempo que regía el caos, en ningún lugar, en ningún país, en ninguna ciudad se podía estar tranquilo; naciones en guerra, religiones en conflicto, hombres contra hombres, ¿Por qué? Porque por alguna extraña razón hay quienes creen que el blanco es más que el negro, que la cruz es más que la estrella o que la derecha sirve más que la izquierda.

Era una época donde la tormenta no pasaba, donde la calma no llegaba, donde el pan no aminoraba las penas y donde un beso no revivía el alma.

Cuando todo empezó las noticias fluían muy poco, supimos que Alemania se hizo de Austria y que después entró en Polonia, fue entonces que nos dimos cuenta que no es que las noticias tardaran en llegar, si no que no las dejaban salir.

Y como también eran prisioneras, nosotros teníamos que ir a rescatarlas; así fue que viaje a Francia, para intentar encontrarlas, la búsqueda no fue larga, ya estaban a mi espera ¿quién iba a pensar que sería Francia la siguiente en levantarse?

Año con año, país por país y una tras otra las naciones se sumaban, la locura crecía, la muerte su hambre saciaba, muchos morían en combate, varios morían en las plazas, algunos morían de miedo y pocos morían de nada.

No podía solo estar en Francia, viajaba a cada lugar donde la noticia me llamaba, tuve que sortear fronteras y negociar con la muerte mi estancia. Logramos que las notician fluyeran, logramos que la información se conociera, pero lo que nunca logramos fue entender cómo es que tenemos tan torcida el alma.

Al fin, después de seis años aquello terminó, sin embargo las heridas permanecieron, los muertos no regresaron, las ciudades quedaron en ruinas y las familias devastadas. Al fin se acabó, aunque no por razonamiento y no por entendimiento, terminó por un invento mortal, que una vez más, el hombre moría por probar.

El fin de la guerra, pero no el fin del caos, el llorar a los muertos, el triste retomar de la rutina; los ganadores se reparten el suelo del derrotado y los perdedores tratan de sanar las heridas, de olvidar y de comenzar de nuevo.

El fin de la guerra, el alivio del regreso, la droga del triunfo y el anhelado reencuentro fue retratado ese mismo día: un marinero que del frente volvía se acercó con júbilo a una enfermera que a festejar salía, la tomó en sus brazos y con un beso selló ahí el fin de la guerra.

Pasan los años y el mundo cambia pero el hombre como hombre no avanza. Pasan los años y el tiempo pasa pero el hombre se estanca. Pasan los años y la muerte se cansa pero al hombre le gusta alimentarla.

Desde entonces estoy buscando, desde entonces estoy tras el beso que selle el fin de esta guerra, de la guerra que nos consume como humanos y que nos hace vivir con miedo, tras el beso que devuelva la calma y por fin reviva el alma.

HV

2 pensamientos en “Por Héctor Villalvazo

  1. La forma en la que eres capaz de enlazar los hechos históricos con los distintos cuestionamientos sobre el hombre y su problemática me encantó.

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