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Tras el Beso 

“No estoy dispuesta a extrañarte ni un solo minuto ni a sentir la ansiedad que eso provoca; no pienso despertar cada noche sintiendo que me falta el aire porque por algún motivo no estás ahí, durmiendo a mi lado;

jamás voy a sacrificar mi tiempo ni mi espacio; nunca serás motivo suficiente para que cambie mis planes; no voy a negociar contigo, no creo que el amor sea negociar, si dos personas no se entienden, no se entienden y punto, para eso hay millones de personas más.

No tengo la más mínima intención de esperar junto al teléfono a que mandes un mensaje o te dignes a llamar; ni creas que voy a engancharme en conversaciones que me permitan saber quién eres y qué necesitas, cada quien sus huecos. Ni loca voy a ser de esas mujeres que piden más, más tiempo, más detalles, más de todo. Jamás voy a buscarte primero si llegamos a discutir.

Bajo ninguna excusa voy a volver a tus brazos después de que se me haga un nudo en el estómago porque haces algo que me lastima, me importa poco si fue sin querer. No puedo ser comprensiva de tus demonios cuando ni yo comprendo a veces los míos. No voy a dejar de salir, de vivir en una eterna fiesta, de provocar a otros con la intención que me plazca, aunque sea sólo jugar. Ni creas que voy a serte fiel, a consagrarme a tus caricias, a tu cuerpo, a esas manos, a ese olor, a esa boca…”

*pausa*

Tras el beso, todo lo anterior se convirtió en borrador.

2 pensamientos en “Por Verónica Gonsenheim

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