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La mesa estaba lista, impecable en cada detalle, porque, claro, la celebración lo ameritaba. El adorno del centro y las velas le dan un toque solemne, místico, quizás hasta necesario. Ella la mira por un instante eterno; le gusta imaginar a quienes estarán sentados en unas cuantas horas… Sus hermanos y algunos amigos… y Eduardo, el gran ausente.

Casi puede ver su brillante y hermosa mirada así como escuchar su risa sonora y contagiosa inundando el ambiente, un profundo suspiro escapó de su pecho antes de regresar a la realidad y al horno que despedía su deliciosa y evocadora esencia para el menú dispuesto: Lomo almendrado y macarrón al horno, una receta de familia.

Eduardo le había llamado y dicho que no podría llegar. Su conferencia se había alargado de más, había sido un éxito, ella sabía que así sería, él se había esforzado en prepararla con ahínco, sin embargo, tras la premiación hubo una recepción, Eduardo tenía el tiempo dispuesto: Saldría de ahí y tomaría el siguiente avión, quizás tendría un poco de retraso pero llegaría, pero el mal clima sumado a la carga en la carretera no lo permitió: Perdió el vuelo.

Nuevamente un suspiro escapó mientras Angélica revisaba que todo estuviera en su sitio, pero en el fondo, su vanidad se sentía lastimada por la ausencia de Eduardo. Sin embargo, se reprochó por el enojo; finalmente él estaba haciendo algo que lo llenaba y entusiasmaba, ya habría otras cenas y motivos para festejar.

Los invitados llegaron poco a poco. Charlaron mientras se servía la cena. El rock pop que eligieron sonaba agradable. Al preguntar por Eduardo y saber que no estaría con ellos esa noche, decidieron llamarle para saludarlo, eso fue una gran sorpresa para él mientras se disponía a descansar en su acogible habitación de hotel.

Al término de la velada, cuando Angélica quedó sola, subió a su habitación, se puso el pijama, se metió sin sueño a la cama dispuesta a abandonar este plano e ir al de los sueños en donde encontraría a Eduardo y festejarían como ellos siempre lo hacían: Viendo una película tomados de la mano, saliendo a cenar y hablando largamente o tal vez con una escapada romántica, el tiempo lo diría.

Y antes de sumirse en el sueño reparador pensó: “Aunque no hayas estado con nosotros, yo sé que ahí estabas, tu lugar siempre está puesto en el momento que llegues… Buenas noches mi amor. Nos vemos mañana…”

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