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Suelo tener lugares especiales para olvidarme de todo, abandonar lo que me tiene estancado y comenzar de nuevo. Uno de ellos es la carretera, para mí un lugar mágico que no tiene reglas establecidas que seguir para encontrar esos flashazos de consciencia.

Siempre he pensado que es muy importante poner todo sobre la mesa y así poder ver todo desde otra perspectiva; mucha gente lo hace cada fecha, en especial, por ejemplo: Año Nuevo.

En mi caso no suelo esperar hasta año nuevo para largarme a la carretera y olvidarme de todo lo que me ha jodido durante un tiempo, suelo subirme al carro y arrancar hacia la vía más cercana sin importar a donde vaya, Querétaro, Cuernavaca, Puebla, Guadalajara, Morelia o simplemente a algún bosque cercano.

Estar lejos de la gente que todo el tiempo te topas, apagar el celular, olvidarse de las tan famosas redes sociales, que si como dicen “nos acercan”, en ocasiones  nos alejan de esos “entes racionales” del otro lado del dispositivo.

Hoy, estamos a una semana de terminar el 2014 y  lo único que se me ocurre es salir corriendo hacia esa vía  para destrozar todo lo que me ha pasado en el año.

Como a todos, cosas buenas, cosas malas… mmm, más malas que buenas. Sí, hay que reconocer las cosas malas.

Por ahí dicen también que las cosas malas nos sirven para aprender, para crecer, para no volverla a cagar, y vaya,  ¡VAYA que aprendí este año!

Es momento de meter todo eso en el horno y cocinar algo nuevo, algo mejor, algo que sabemos nos hará mejores personas, con mejores ideas, mejores resultados y sobre todo, un poquito más sabios.

En la carretera, poner sobre la mesa todos esos ingredientes, seleccionar los mejores (o los peores), lavarlos con mucho jabón, quitarles la cascara, ponerlos dentro de un recipiente y meterlo al horno a 280 grados centígrados, dejarlos el tiempo necesario, y esperar a que el resultado sea un pastel que podremos disfrutar sin ningún tipo de remordimiento o pena saboreando esa hermosa vanidad que nos caracteriza como seres humanos.

Ahora sí que como dice la rola “Soy lo Peor” a cargo de Kinky, original de  Los Cardenales de Nuevo León:   “Entre lo peor soy de todos el peor, soy insoportable, soy un ser inaguantable, mi lista de defectos es interminable…  en el cuarto más oscuro es donde me siento mejor…”

Y bueno, la rola dice más, pero con esto nos quedamos, “Si de errores aprendemos, soy el sabio más cabrón”.

Disfrútalo, es hora de partir el pastel y comenzar el año nuevo con la panza satisfecha y el alma limpia.

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