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Ya es hora de una siesta, hora de prevenir;

hora de la danza húngara que se vuelve a repetir.

Tal vez sea la quinta, y sigue un sueño profundo;

la pista se llena se sangre y sudor… y del resto del mundo.

Bailen niños y olvídense de ayer,

de aquellos días en los que solo hacía falta llorar.

Hoy toca abandonar la pretensión y entrar de lleno al taller,

y si no me creen, no hay más que hacer aparte de mirar.

Quizás no sea bonito,

Pero mis cuestiones no son de vanidad.

Así que manos sobre la mesa;

Mi palabra favorita es la impunidad.

No chille y no grite,

ahorita lo llevamos con la banda del 43.

Y así de uno en uno,

todos al horno pa’l fin de mes.

Mire chaval,

aguante vara y todo chido.

Esto al rato pasa,

no es mucho lo que pido.

Compañero, pido refuerzos;

sí, ya se nos juntó la chamaquiza.

Y dos que tres ya canosos y pasados;

se vinieron al quite como peregrinos a su misa.

¡Que la chingada!

Quédese en su cuarto y no haga ruido.

Tú, y tú y tú y tú también,

no pegue al árbol que se cae el nido.

¿Pues qué les digo?

No pelan macanazo.

Tráete a otros dos,

Que preparen un madrazo.

Sangre y grito,

marcha y serpiente.

Carretera mal hecha,

balancearse en vertiente.

Ven.

Callan.

Ven.

Despiertan.

Luchan.

Gritan.

Sueltan rienda.

Uno.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Despiertan ahora y se duermen al rato.

Ya es hora de una siesta, hora de prevenir.

Una danza húngara que se vuelve a repetir.

Tal vez sea la quinta; y sigue el sueño profundo,

La pista se llena se sangre y sudor… y del resto del mundo.

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