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El destino tiene algo que decirnos…

Antes de empezar, quiero agradecer a Asíntotas por recibirme con los brazos abiertos para colaborar mes con mes en sus publicaciones.

Espero me quede por aquí mucho tiempo más y obvio, están invitados a mi blog para que echen un ojo.

Y aquí voy…

¿Así que sí puede pasar? ¿Estamos seguros? ¿Seguros que lo imposible, o eso que vemos en las películas, puede pasar? ¿Eso que a veces soñamos o que vemos en las telenovelas de María Mercedes, del Barrio y demás Marías, puede ser real? ¿Les cae que sí pasa?

Específicamente hablo de cuando ves a alguien por primera vez.

Ese momento cuando ves a alguien y en pocos segundos o pocos minutos sientes que te enamoraste casi al instante ¿Puede suceder en la vida real? ¿Puede alguien flecharnos así de rápido, fácil e inesperadamente?

La duda es si cuando pasa debemos creer en ello, emocionarnos ¿lo debemos intentar o en definitiva lo debemos abandonar, dejarlo pasar? ¿Deberíamos hacer algo para hacerlo realidad?

Hoy, quisiera hablar de esas historias que creemos que sólo pasan en las novelas, pero que no siempre es así, también pasan en la vida real. Esas historias de sueño o de cuentos.

Esas que nada más imaginamos, pero que casi nunca se hacen realidad. (A menos que en verdad nos empeñemos en que sucedan. Habría que echarle muchas ganas)

Esta es una de esas historias que escuché por ahí.

….Y de repente estaba ahí, comiendo.

Sentado frente a la mesa donde estaba ella.

En el momento que ella lo vio, se quedó pasmada. Era demasiado bello para ser verdad. Su mente viajó a una velocidad tan rápida, que a los pocos segundos ubicó que ya lo había visto antes. Ella sabía que ya lo conocía de antes. Sólo quedaba recordar su nombre.

Hizo lo posible por recordar su nombre, llamó a una amiga y le explicó lo que estaba pasando. Le describió lo hermoso que era hasta que lograron recordar su nombre.

¡Lo tenía! ¡Claro!

– ¿Cómo no recordarlo, amiga?  le dijo  – si es hermano de “tal” e hijo de “tal” –

Emocionada ella, lo seguía con la mirada. Él seguía sentado, comiendo en la mesa de en frente y por supuesto que ya se había percatado de sus miradas.

Ella simulaba seguir trabajando, pero estaba sentada justo ahí sólo para verlo. Ver como sonreía y como le regresaba esas miradas “coquetas” que él, como buen hombre guapo, nunca escondió.

Después de varios minutos y para no dejar esa vanidad de mujer atrás, decidió levantarse.

Quiso verse tan discreta e iba tan distraída que chocó contra la orilla de la mesa y lo único que logró fueron dos cosas: que él se diera cuenta y un moretón en su pierna que aún ve, y le recuerda el momento mientras sonríe.

Logró pasar a su lado. El corazón le latía a mil por hora.

El tramo que debía recorrer al baño era corto, pero sintió que  sería una eternidad. Sintió que debía recorrer ahora una interminable y vacía carretera, donde sólo eran ella y él. Debía mantenerse de pie y sin sobarse tremendo golpe que minutos antes se había dado y que aún le dolía intensamente. Debía mantener sus pies bien puestos sobre el piso, sonreír en todo momento y no permitir verse “obvia”.

Se sentía apenada y sonrojada. Esa pena que cuando te da,  sientes como si estuvieras dentro de un horno de microondas, donde todo te hierve y con un calor impresionante.

Logró pasar sin problema alguno.

Claro que no tenía a qué ir al baño, era sólo un pretexto para verlo de cerca.

Él la siguió con la mirada, pero el muy  miedoso no se levantó.

Regresó a su mesa y a los pocos minutos se percató de que él ya estaba a punto de irse.

Pagó, se levantó de la mesa y se aventaron esas últimas miradas, que decían: “te conozco, pero no me atrevo a acercarme a ti” (de parte de él), por que las mirada de ella, decían otra cosa.

Él salió rápidamente hacia el estacionamiento del lugar, ella logró asomarse por otro  lado, donde podía pasar desapercibida.

Y así veía a lo lejos como se subía a su coche y se iba.

Al momento, tomó su teléfono y empezó a buscarlo en redes sociales, porque su amiga ya le había confirmado que era él a quien había visto. No lo encontró en las más “concurridas”, pero sabía que en la aquélla red donde buscas trabajo, seguro lo encontraría. Dicho y hecho.

Lo encontró. Le escribió. Le contestó. Ella respondió emocionada. Él contestó de nuevo.

En los primeros mensajes él confesó haber sentido lo mismo con aquéllas miradas.

La mente de ella se llenó de alegrías, de emociones, de sueños, pero sobre todo, de dudas.

Así empezó su historia, escribiéndose a todas horas, contándose lo que ha sido de sus vidas y después de varias semanas, siguieron en contacto.

Se flecharon. Se impactaban todos los días de lo que estaba pasando entre ellos. Se preguntaban una y otra vez por qué, por qué a ellos, por qué en ese momento de sus vidas, por qué no antes.

Al final, llegaban a los mismos puntos: EL DESTINO, vivir el momento, disfrutar lo que estaban viviendo sin pensar en lo qué pasaría mañana.

Parecían niños de secundaria, flechados desde el primer día.

No se vieron mucho tiempo. Toda esa química que decían sentir era por mensajes y por una simple pantalla donde por las noches hablaban por varios minutos. Reían y se contaban su día.

Muy a pesar de ser una pantalla, las miradas eran muy claras. Había “algo”

En poco tiempo comenzaron a decirse ” te quiero”, “te extraño”, “te adoro”….

¡Sí, así de raro! pero es que era tanto el tiempo que “pasaban” hablando, que no saber uno del otro, parecía extraño y difícil.

Todo era color de rosa. Todo era risas, fotos, mensajes, dedicatorias, canciones, llamadas, video llamadas y palabras que denotaban un cariño digamos… raro, o como lo hubieran llamado hace algunos años: “un ciber-amor a primera vista”.

Sólo había un pequeño detalle. Un detalle que “rompía” con todo ese rosa que había en la historia.

No sólo era “un detalle”, sino un momento que pronto llegaría a la vida de él y que era inevitable.

Un momento que marcaría su vida para siempre y que cambiaría todo esta historia.

Ese pequeño detalle seguiría presente entre ellos y nada podrían hacer para cambiarlo.

No parecía haber un camino alterno para ellos, por lo que seguramente debían dejar atrás la química, la inmensa atracción y el cariño intenso para no salir lastimados.

Su historia aún no termina y no se sabe el final.

Si van a estar juntos o no, es sólo responsabilidad del destino y de la vida misma.

Lo único que puedo decirles es que crean en el destino.

¿Por qué habríamos de preocuparnos por él si es algo que no existe?

Crean en el por qué pasan las cosas. Crean en ustedes mismos y en lo que pueden lograr.

Crean en lo que pueden despertar en alguien más, pues aun con las barreras y obstáculos que aparezcan en el camino, se puede hacer sonreír a alguien.

Las cosas pasan por algo, no suceden sólo “porque sí”.

Estamos donde estamos y con quien estamos porque así lo hemos forjado y lo hemos querido, pero en realidad, sólo le estamos ayudando al destino a acomodarnos en ese lugar definitivo que tiene reservado para nosotros.

Crean siempre en él y en lo que tiene para cada uno de ustedes, pues muy a pesar de la distancia, pueden hacer feliz a alguien y muy a pesar de cualquier historia que haya detrás, podemos enamorarnos o sentirnos alagados por alguien que sólo nos ha visto una vez en persona o sólo una vez por una computadora.

Quiero recordarles que un mensaje de “buenos días” alegra y reconforta igual que un abrazo o un beso en la frente. Un “te quiero” sana cualquier tristeza y una sonrisa vale mucho más que mil palabras.

Quieran hoy y demuéstrenlo hoy, porque quizá mañana sea muy tarde.

Vivan hoy, no en el ayer, mucho menos en el mañana, porque no sabemos si exista.

Y créanme que si se los digo, es porque el moretón aún me duele…..

P.D. Especial dedicatoria a AHM

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