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Tenemos que hablar… tres palabras que indican que algo importante está por venir.

¿Recuerdas cuándo fue la última vez que disfrutaste una comida en la mesa con la familia, un paseo en carretera para visitar a un amigo, una película y unas palomitas recién salidas del horno de microondas o una simple llamada a mamá? ¿Recuerdas cuándo empezaste a abandonar estas y otras cosas que las demás personas disfrutan cotidianamente? ¿Y todo por qué?, ¿Por vanidad?

Es cierto que las decisiones que tomamos son las que nos marcan el camino, las que nos indican cómo seguir y hacia dónde queremos ir. Es cierto que nadie puede tomar una decisión por nosotros, al menos no una tan importante que nos aleje de los demás y hasta de uno mismo.

Hoy, aquí, frente a frente te pregunto: ¿ha valido la pena?

Es cierto que todos tenemos algo en nuestra historia de lo que no estamos orgullosos, decisiones que hemos tomado sabiendo que eran equivocadas y aun así, hemos aprendido de ellas. Todos pecamos y hasta  nos acercamos a la línea de lo capital, estamos diariamente al borde de la ira por el estrés diario, las prisas, el coche que se nos metió sin poner la direccional…ok, también por el que sí la puso, por nuestro pinche jefe, el huevón de Carlos, el clima y hasta por nuestro propio mal humor.

A veces comemos sin parar, parece que en eso se nos va la vida, aun sabiendo que a más de uno así se le ha ido la vida; al menos una vez al día deseas el trabajo del tu vecino, la vieja de tu hermano y el Audi de ese cabrón que seguro es mafioso porque no tiene dónde caerse muerto.

Muchas veces haces como que haces pero en realidad ni te mueves y otras tantas lo único que quieres es cama, bueno, ok, un sillón, a veces en la alfombra…mmh el piso… y ¿por qué no de pie?, bueno, ese no es el punto, quita ya esa sonrisa de tu cara.

Pero esta vez sólo fue vanidad, ¿no? es cierto que ésta es muy amiga del egoísmo y de la avaricia, que es uña y mugre de la lujuria y eso, la hace más peligrosa; hay momentos que se hace pasar por ellas, pero una vez más, es solamente un disfraz, un pretexto, una mentira.

Y aun así, a pesar de que lo platicamos continuamente, de que has visto como esa vanidad ha vencido a otras personas y las ha llevado al borde del abismo, aun sabiendo eso no te importó y lo hiciste y parece que lo harás nuevamente.

En ese momento y en este, solo piensas en ti, ¿no es cierto? Los demás pasaron a segundo plano, los demás ni siquiera aparecieron en tu mente, tenías que hacerlo, ¿para qué?, ¿para demostrar que puedes hacer lo que quieras sin consecuencias? ¿Sabes que habrá consecuencias, no? Y no sé si estaré ahí para apoyarte, no sé si podré estar ahí para levantarte, no sé si podré estar ahí.

¡Y deja de poner cara de que no sabes de qué hablo!

Sé que te cansa que siempre que nos vemos te diga lo mismo, sé que no quieres oírlo, pero mientras esté contigo, mientras me sigas preocupando, mientras sea parte de ti te lo seguiré repitiendo, quizá algún día si me escuches, quizá algún día nos dejemos de escuchar.

Sin embargo a estas alturas ya has de saber que esto no es algo que estás leyendo, sino algo que te estás diciendo a los ojos, frente a frente, frente a ti, frente al espejo.

Un pensamiento en “Frente a Frente por Héctor Villalvazo

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