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¿Qué es lo que debe pensar un hombre el día de su boda?

¿Cuántas preguntas deben cruzar por su cabeza?

¿Cuántas dudas e inseguridades?

Al igual que el smoking que estás vistiendo, el aplomo para dar ese gran paso, se va construyendo pieza a pieza. El pantalón le da fuerza a las piernas, que en estos momentos se sienten de hilo y requieren de mucho esfuerzo para no trastabillar. La camisa contiene al pecho y al corazón que se vuelca estrepitosamente contra la pared costal, la cual se siente como se quiebra de a poco con cada golpe, con cada latido; respiras a tu percepción, profundo, y abotonas uno a uno el candado que cierra la prisión de algodón que contiene a aquel que se quiere escapar. Sin saberlo te has vuelto débil y todo pesa, cierras los ojos y como puedes tomas el chaleco del ajuar, y no lo haces porque complemente el atuendo, lo haces porque necesitas más peso en tu pecho para que de esa manera respires más lento, dado que de seguir así, vas a hiperventilar y terminaras desmayado en tu cuarto. Sales, caminas hacia el pasillo y quedas frente al espejo de la cantina. La desesperación llega cuando por cuarta ocasión no te queda el corbatón, y es ahí cuando decides llenar el vaso que está sobre la mesa con un poco de Whiskey que aderezas con un hielo; te tiembla la mano y salpicando un poco pones tus labios sobre el borde de vidrio y le das, según tú, un sorbo con el que dejas casi vacío el recipiente que contiene tu tranquilidad líquida.

Pides ayuda y tu padre termina de darle los últimos ajustes a todo lo que no pudiste acomodar en el disfraz que portas, el cual te parece tan ajeno y te hace ver bien, pero te hace sentir raro.

Otra vez frente al espejo notas que ya está todo listo y que el reloj no avanza como quieres, en momentos los segundos transcurren como pequeñas luces tintineantes y en otros como si fueran años; no sabes si es el alcohol o el paso irregular del tiempo, pero te sientes encerrado, aprisionado en una celda cada vez más pequeña que se siente como horno y en la que no quieres permanecer por mucho tiempo más. Tomas tus cosas, las llaves y subes al carro, balbuceas algo a tu familia y sales a la calle tomando ruta hacia tu destino. Recorres por primera vez ese camino que has tomado tantas veces y que conoces, pero que hoy parece más una carretera sinuosa y escarpada en donde no sabes si vas hacia el punto de origen o realmente vas avanzando. Todo es tan confuso.

En un abrir y cerrar de ojos, estás frente al altar, viendo desfilar los rostros de amigos y familiares que te miran con una sonrisa y que para ti, parecen solo rostros de una película que estas mirando en tiempo real y que para nada borran ese sentimiento de angustia, miedo y estrés que llevas sintiendo desde la mañana.

Ahí, justo cuando vas a echarte a correr, la ves, detrás de todo el cortejo, bella, fulgurante cegando tu vista pero despertando la tranquilidad ausente; sonríes, sonríes tan intensamente que disipas todo pensamiento nocivo que te había estado atacando y ahora solo te preguntas por qué querías abandonar tan hermoso sueño, ¿por qué no habrías de querer continuar con esta historia que apenas se escribe?

Le tomas la mano a tu prometida, la que hoy se está convirtiendo en tu esposa, en tu compañera, y repites las palabras que el padre te dice que le digas, pero con las que una a una, te desprendes de todo el egoísmo, la vanidad y el egocentrismo de tu vida anterior, y con un beso, despiertas a tu nueva vida.

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