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El lugar ya no es un secreto. Muchos han sido invitados pero eso no significa que todos vayan a participar. Es probable que ni si quiera puedan entrar y sentarse a la mesa con los otros invitados.

Los iniciados encontraron la manera de hacer funcionar su aparato telefónico con fax integrado y pacientemente esperan las instrucciones que los calificarán como candidatos para recibir la invitación a tan especial evento y los datos precisos del lugar y fecha.

Las hipótesis de estas reuniones van de lo más disparatado hasta los clichés menos graciosos que puedas imaginar. Dicen que desde siempre han existido y que casi cualquier persona que pase por una mente retorcida ha sido partícipe de ellas: el productor de cine porno, los escritores malditos, los músicos adoradores de Satán, los magos más excéntricos y hasta los creadores de los inventos más disparatados han compartido los manjares que el horno de alguna de las locaciones ha terminado de cocinar. Simples historias que uno cree haber escuchado alguna vez.

La persona que entra no es la misma que sale y aunque te pudiera contar lo que sucede ahí, es probable que tu cerebro no esté diseñado para entenderlo. O tal vez ni siquiera importe, lo importante es vivir la experiencia que varios cientos o sólo unas cuantas decenas han hecho suya.

En esta ocasión todo parece haberse salido de control, hay demasiadas personas buscando la forma de entrar, el ruido y caos que cubre la carretera es ensordecedor y la violencia está a punto de aparecer, a pesar de que todavía no es el momento de utilizarla. Éstas son las constantes sin sentido que los humanos faltos de inteligencia muestran constantemente a lo largo de la historia de la humanidad. Una pena.

A Mister Doctor le gustan este tipo de emociones. Todo esto ayuda a que no pierda su vanidad. Por sus excentricidades los conocerás.

La casa gigantesca al fondo de un jardín gris y olvidado será el escenario para el evento que iniciará esta noche. Todo rodeado por una gran muralla impenetrable y rejas llenas de óxido que crean la atmósfera perfecta para lo que parece una película de terror, de esas que no cualquiera se atreve a ver.

Poco a poco la gran comitiva de personajes dispares y torcidos van entrando para entregar el papel que los acredita como invitados al lúgubre lugar, pero son más los que se van haciendo a un lado y abandonan sin esperanza el gran grupo para poder tomar camino de regreso a sus tristes vidas sin saber de lo que se van a perder.

La diferencia entre lo que queda afuera y lo que hay en el interior casi nadie la sabe porque son pocos los que van a lograr entrar a ese algo que es casi totalmente desconocido.

Las manecillas siguen caminando y después de mostrar la selección que se hizo previamente para dar lugar a un resultado de limitadas personas, las grandes puertas se cierran, todo bajo un sospechoso clima de orden y miedo que envuelve todo. Es probable que los que se van estén un tanto aliviados de no haber entrado. Muy cerca de ese sentimiento de perdón por haber hecho algo terrible.

Todavía no pasa nada pero eso no significa que no vaya a pasar. No sabemos cuánto tiempo estaremos dentro y si podremos salir. Las formas en este momento creo que no son tan importantes. La cuestión es esperar, pero después de un buen rato y tomando en cuenta la legendaria puntualidad del anfitrión, algo se percibe más extraño de lo normal.

A pesar de que ya me he tomado el tiempo para observar a mi compañeros parroquianos, todavía no logro descifrar totalmente quién es quién o a qué podría dedicarse cada uno de ellos fuera de este lugar. Todos se ven tan normales, lo que sea que signifique eso. Podrían ser desde oficinistas de gobierno que tienen una afición a los juegos masoquistas; apostadores con muy buena suerte que queman sus fortunas por el hecho de ir en contra de algo; adictos a lo menos pensado o incluso, claro, personas tan aburridas como usted que lee estas líneas.

Aunque tratamos de abrir plática, simplemente no sabemos cómo, porque qué podríamos tener en común para empezar una conversación que no fuera una torpeza como el clima o algún asunto político. Pero todos nos damos cuenta de que estamos en uno de los lugares más fríos y pálidos que antes hayamos conocido

Unos pequeños altavoces hacen el anuncio que nadie esperaba.

“El organizador ha decidido abandonar esta edición de la cena. No se siente inspirado.”

Si la tensión antes era muy notoria, ahora se puede cortar con un cuchillo. Las personas se sienten inquietas y, aunque no lo digan, el miedo comienza a invadir el gran comedor austero que servirá para unirnos a todos esta noche.

Damas y Caballeros. Bienvenidos.

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