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En esta temporada navideña siempre me ha gustado disfrutar las cosas que se hacen, los guisos y sobre todo el poder reunirme con mi familia, que no vive en el Distrito Federal.

No me gustan las personas que hacen alarde de lo que tienen y solo demuestran tener una gran falta de modestia y una terrible vanidad.

Nosotros fuimos educados, y lo aprendimos bien, para compartir con el que menos tiene, y la verdad es mucho mejor dar de lo que tienes y no de lo que te sobra.

Alguno de mis hermanos viene por carretera y siempre le pedimos avise su itinerario para así saber cuándo llega.

Aquí, y siguiendo la tradición familiar, nos reunimos los cinco en la casa de mi hermano, con quien vivió mi Madre sus últimos 12 años.

Poner la mesa, usar la vajilla que era de mi abuela, ¡uy! la de años que tiene, yo creo que como  90; sacar el mantel que sólo se usa  en estas fiestas, los cubiertos de fiesta, también del año de la canica, o sea, muy viejos.

Llegamos a casa de mi hermano y en el horno está una deliciosa pierna de cerdo que él mismo guisa y que todos engullimos con mucha alegría.

La mesa está puesta y los comensales listos para  disfrutar la cena, que es la misma de siempre desde que éramos niños y que nos encanta.

Recordar en esos días a mis padres, él con su máquina de escribir traduciendo y mi Madre tejiendo a toda velocidad.

Recuerdo que hace muchos años vivíamos en Polanco en un tercer piso y como a las diez u once de la noche pasaba un cilindrero con su ayudante y un chamaco, siempre en Nochebuena

Mi madre ya tenía preparados tres platos, para darle al cilindrero y sus acompañantes lo mismo que nosotros cenábamos y ellos, en gratitud, me dejaban girar la manivela del cilindro.

Así fue durante mucho tiempo, hace ya como 50 o 55 años

Hace como 20, me encontré afuera de un almacén a un cilindrero y le dije que de chamaco un señor que tocaba el cilindro me dejaba tocarlo.

El cilindrero emocionado me dijo “usted vivía en  tal y tal esquina”, le dije que sí y me dio un abrazo. Me dijo, que recordaba que una señora siempre le daba de cenar  en Nochebuena, le dije que era mi madre y el señor cilindrero  me dio otro abrazo y me dejó  tocar el cilindro otra vez.

Nunca olvidaré al señor y sé que gracias a mis padres y a su ejemplo, no puedo abandonar al que menos tiene. Por eso la navidad para mí es muy especial y nostálgica

Por eso es una tradición que nunca voy a abandonar.

Hoy que ya no están, tenemos muchos y muy gratos recuerdos de ellos, recuerdos que nunca vamos a olvidar.

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