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La chica de las pecas lamentó su suerte al encontrarse profundamente dormida pero consciente de saber que caía en un terreno peligroso.

Los sueños son sólo eso: Sueños.

Existen puertas a dimensiones desconocidas y, ocasionalmente peligrosas, para aquellos inexpertos en las situaciones que dan vida a estos escenarios. Les podríamos llamar interdimensiones, purgatorios de transición o simplemente no etiquetarlos de ninguna forma, pero, algo que no debemos olvidar, es tratar de no acercarnos a ellos. Lo interesante es que los sueños están formados de información conocida pero mezclada con detalles que nunca habían pasado por tu mente y, mucho menos, por tus ojos cuando han estado despiertos.

Lo que podemos asegurar es que casi nunca sabemos dónde nos encontramos. Ya sea aquí o en cualquier lugar, tiempo o estado anímico. Peligroso para nuestra vulnerabilidad onírica.

Ella pasea por una gran casa amueblada de forma extraña, muy al estilo de la abuela que poco va a visitar, pero sin esa modernidad que los hijos han implantado en ella. Un poco menor a un castillo pero bastante más grande que cualquier lugar habitable conocido. Aquí debería ser bastante cómodo, pero tiene un ambiente que le transmite sensaciones extrañas.

Podría estar a 2000 años luz de casa o a unos cuantos metros de su cuerpo. Sueña que esto es un sueño, esos sitios donde todo es más raro e intenso. Pero se deja llevar y, aunque cuesta mucho trabajo, no se preocupa demasiado. Camina por corredores, salas, comedores y habitaciones repletas de colecciones infinitas, ornamentos, y por otras casi vacías.

La curiosidad ha sido parte de ella desde que tiene memoria, lo que la ha convertido en la persona culta e inteligente que es actualmente y, al mismo tiempo, le ha dado unas buenas cicatrices de vida, las cuales la diseñaron hasta el grado de ser casi totalmente única en comparación con el promedio de sus amistades. Una falacia desde ciertos puntos de vista.

Sube por unas escaleras amplias, con paredes tapizadas elegantemente por patrones que se pudieron haber diseñado en los años 70´s; una alfombra color vino está a sus pies y un barandal de madera pulida donde el reflejo es apropiado para maquillarse antes de partir y conquistar el mundo. Sube a un pasillo con una alfombra diferente, con patrones hexagonales en colores anaranjados y rojos. Este pasillo es largo y las paredes parecen reducirse en la perspectiva que proyecta hacia delante.

Camina con esa sensación de sentir una respiración a sus espaldas, pero es imposible voltear, lo más fácil es seguir adelante caminando hasta dar vuelta a la izquierda y seguir viendo las mismas paredes continuas y esa alfombra que parece infinita. Da otra vuelta, una más y otra más, pero la escalera que la llevó hasta ese punto ya no aparece, o probablemente no la recuerda. Lo importante ahora es esa puerta de madera con pequeñas ventanitas que tiene un letrero invisible que dice: “Ábreme”.

Un déjà vu es aquella sensación de conocer algo o creer que ya lo has visto anteriormente, pero no sabes cuándo, dónde o cómo al verlo en tiempo presente.

Ella se da cuenta de qué se trata, se escucha una canción que siempre estaba presente en aquellas reuniones familiares y muchas voces. Voces de personas que ya no están, pero que tienen bastante material para felicitar y abrazar a la festejada.

Éstas son las mañanitas que cantaba el Rey David.

Lo recomendables es nunca perder la capacidad de sorprendernos. Por lo conocido y por lo que no lo es. La sorpresa es muy grande y al mismo tiempo asusta, pero uno siempre debe agradecer a quien se toma un poco de tiempo para preparar algo especial.

— ¡Muchas felicidades!— es la frase que más se repite a lo largo de los segundos que dura la celebración. Caras conocidas, un pastel, los regalos que la chica de las pecas siempre ha deseado y la alegría que flota en el ambiente la ponen en un estado hecho de una mezcla de regocijo y de un gran vacío.

Los invitados cantan y bailan con ella, ríen y toman fotografías con aquellas cámaras instantáneas que revelan las fotos en unos cuantos minutos. La comida es perfecta y la bebida muy basta y embriagadora. Todos beben y disfrutan el momento como si no hubiera más mañana que vivir o ayer que recordar.

Los segundos siguen transcurriendo y la chica de las pecas de pronto camina velozmente hacia la puerta de salida que antes era para entrar a la reunión de seres conocidos pero más extrañados. Abre la pesada puerta como si fuera una cortina de tela y sale. Ahora la calle le da la bienvenida con un sol abrasador y el exterior está desértico, camina por la banqueta y luego por la calle libremente hasta que escucha algo que cambiará todo.

— ¡Cuidado!— lo que la obliga a voltear y, sin alcanzar a respirar ni una bocanada, se ve de frente con un camión de basura a toda velocidad que va directo a su nariz.

Despierta con taquicardia, miedo y la sensación de estar cubierta hasta el copete de artículos que los habitantes de la ciudad no saben qué hacer con ellos. Respira por unos minutos hasta estar segura de no ser parte de la fiesta que era pura diversión hace un momento. Quisiera creer que todo está en orden.

El olor a pastel flota en el aire.

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