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La chica de las pecas lamentó su suerte al notar su vestido manchado de agua sucia, lo miró con una mezcla de preocupación y tristeza, después de todo, era nuevo su vestido.

Echó un vistazo a su reloj, demasiado tarde para regresar y cambiarse, demasiado pronto para llegar en esas condiciones a su primer día de trabajo.

Talvez podría mentir, dar las excusas tradicionales que se podían decir en ese tipo de urgencias, no, pero a ella le gustaba el drama, podría decir que por poco  muere atropellada por un gran camión o que fue casi secuestrada… porque la verdad era de risa,  esperando el autobús en la acera al ver un auto acercarse, instintivamente dio tres pasos al costado, justo enfrente de un charco, pudo hacerse hacia atrás, incluso no moverse, pero hizo caso esta vez a su instinto, maldijo en voz baja.

La gente en su ir y venir apresurado parecía no notar su aspecto, se sintió aliviada, aunque dudaba que su jefe no lo notara.

Al menos el autobús estaba llegando, le daría tiempo de pasar al tocador de la fábrica antes de ir a presentarse con sus nuevos compañeros.

Al subir al camión notó que un asiento estaba vacío, en tres zancadas llegó hasta allí al mismo tiempo que una chica morena, se miraron unos instantes hasta que se le ocurrió bajar la vista hacia el vientre abultado, por lo que dio un paso hacia atrás cediendo, después de todo no sería la primera vez que lo hacía, había cedido en el divorcio, en la casa y hasta en el dinero del banco, su vida estaba básicamente constituida en ceder.

Aún podía escuchar esa vocecilla interior revelándose ante esa situación, gritándole  sus verdades en el momento menos esperado; cuando recién abría los ojos entre las sábanas, al tomar su café por las noches, aun cuando se bañaba, sabía que debía hacerle caso a esa voz porque le parecía más sensata que ella misma.

Sumida en sus pensamientos no se percató cuando el autobús pasó por la fábrica, tuvo que bajarse unos metros adelante y regresar a pie apenas 5 minutos antes de su hora de entrada para intentar arreglar su vestido, recién se registraba cuando un asistente le dijo  que debía estar en la planta de procesos y le dio una bata,  después de todo parecía que la vida le sonreía un poco.

Un pensamiento en “En las Pecas nos Veamos por Aiko Manami

  1. Excelente manera de narrar. Me subyugó esto: “…dio un paso hacia atrás cediendo, después de todo no sería la primera vez que lo hacía, había cedido en el divorcio, en la casa y hasta en el dinero del banco, su vida estaba básicamente constituida en ceder”.

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