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La chica de las pecas lamentó su suerte. Volteó a ver su reloj  y pensó “Ya casi nos vamos, ni modo, a jugársela. Es ahora o nunca”.

Así es como recordaba el momento previó a la foto que tenía en sus manos, aquel hermoso momento donde se habían dado su primer beso y que la cámara de su indiscreta amiga María había captado. Cerró los ojos y recordó…

A las siete en punto sonaron las campanadas del reloj de su abuela que aún conservaba colgado en el pasillo. Cerró el álbum que tenía en las piernas y recordó que ya casi era la hora en que llegaban.

Afuera estaba completamente oscuro, como pasaba siempre en el invierno, donde los días eran más cortos. Estaba sentada en el balcón y de fondo se escuchaba a Norah Jones cantar ¨The Nearness of you¨.

“Qué coincidencia, es como si la música quisiera ayudarme a recordar”,  y  volvió a abrir el álbum para ver, otra vez, todas esas fotos.

Ahí estaba aquella donde aparecían todos dentro de una antigua camioneta pick up roja y junto a ella estaba él.

También había una foto de aquel día en que, aburridos, decidieron rentar bicis e ir a Chapultepec y subir hasta el castillo. Ya cuando venían de bajada empezó a llover, y empapados tuvieron que resguardarse en aquel restaurante de tortas en el que no paraban de reír.

O aquella en Ixtapa, cuando se fueron de pinta y no le dijeron a nadie dónde iban a pasar ese fin de semana.

Muchos recuerdos…

Y hoy, después de todos estos años, una vez más parecía que la suerte no estaba de su lado.

Se había topado con ÉL, ahí en el café de todos los días. ¿Por qué ahora? ¿Por qué reaparecía en su vida? ¿Por qué se plantaba frente a ella, así como si nada?

Un remolino de sentimientos se despertó  cuando lo vio,  no lo entendía; después de todo ese  tiempo, ¿por qué aún sentía tanto?

Cuando en el IPod sonaba ¨Somewhere Only We Know¨, la puerta de la entrada se abrió y como una ola azul y gigante entraron sus hijos y su marido, que corrieron a saludarla y a contarle como había estado su día. Sus hermosos hijos que llenaban cada instante de su vida de amor y retos nuevos. Y su marido, que se acercó  a  darle un beso en los labios. Y entonces sintió su aroma, su abrazo y con él esa sensación tan familiar  que la ponía a mil. Y fue cuando recordó que la suerte  ha estado a su favor desde el momento en que lo conoció, y recordó que la vida está hecha de cosas que se tocan y se sienten y se viven, y no de recuerdos que se quedan por siempre en un álbum de fotografías.

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