Home

La venta no iba tan bien como otros días, sin embargo, esa era la única manera en que podía sacar un poco de dinero para ir llevándola… entre el murmullo de la gente, los gritos de los demás marchantes, el olor mezclado de la comida, las frutas, las verduras y los deliciosos tamales de Doña Lupe.

Y es que Cándida vivía día a día… Siempre apurada en su local de 4 x 7, vendía una de las mejores carnes de la colonia. A veces, cuando eran días buenos, la gente hasta hacía fila para que le despacharan desde un jugoso filete hasta un rico retazo con hueso, obvio sin olvidar el tan socorrido suadero ni las agujas.

Ahora ya tiene 55 años, pero ella se inició en este negocio desde muy chica, de su madre heredó el gusto por tratar a la gente y de su padre el colmillo para la venta; cuando su madre murió, Cándida se tuvo que hacer cargo de sus hermanos más pequeños y, prácticamente esto era lo único que sabía hacer, así que decidió no abandonar y seguir los consejos de sus padres para mantener el negocio funcionando… “A Don Beto ni fiado”, “Recuerda que Doña Rosita siempre ha sido bien pagadora y anda siempre toda apurada, así que a ella lo que te pida»

Por supuesto que su carácter estricto, y a veces hasta cruel, también le ha ayudado muchísimo, especialmente con uno de sus proveedores, ese que a veces quiere cobrarle de más o de plano le surte el día que se le antoja; a pesar de todo eso, Cándida no pierde las ganas de seguir trabajando, finalmente es su manera de sobrevivir y con lo que, de poco en poco, ha levantado su casa.

Hoy, Cándida está muy emocionada porque tendrá una cita a ciegas, aunque ya ha platicado con ese misterioso hombre aún no sabe cómo es; se lo imagina una y otra vez, sueña despierta, cree escuchar su voz y sólo piensa en el momento en que lo tenga de frente.

Todo comenzó hace algunas semanas mientras hacía la limpieza de su local, había sido un día muy pesado y había atendido a mucha gente, tanta que no recordaba ni cuántas caras había visto; tirado en el piso descubrió un teléfono celular, era negro, no tenía funda y estaba apagado, aunque se veía un poco golpeado, no estaba nada mal, pero parecía más un celular para hombre así que no se entusiasmó mucho. Al levantarlo buscó a su alrededor, como preguntándole al vacío si sabía a quién pertenecía. Evidentemente no obtuvo respuesta, así que guardó el teléfono y se apresuró, ya estaba muy cansada y lo único que quería era recostarse en su cama.

Al terminar con toda la limpieza y después de cerrar el local, fue justo lo que hizo; al llegar a casa se metió en su suave cama y se perdió en ella. Algunos días después, mientras cocinaba, recordó el celular que había recogido, así que lo buscó y lo encendió.

Una vez que el celular estaba encendido, comenzó a recibir las notificaciones de las llamadas perdidas, los mensajes sin contestar y todo lo que el dueño había hecho para tratar de recuperarlo, pero de lo que no había obtenido un buen resultado. En uno de los mensajes que revisó Cándida se leía “Si encontró este celular, ayúdeme a regresarlo, por favor llame al 5656 4032. Ricardo Mejía”, Cándida se preguntó si sería correcto quedarse con el teléfono, total, el suyo ya estaba muy viejito y no estaría mal cambiarlo por uno “nuevo”, por otro lado no estaba de acuerdo en quedarse con algo que no era suyo. Y si ese tal Ricardo tuviera información importante guardada, ¿Sería de su trabajo? ¿Se lo cobrarían? No quería que eso pasara, así que llamó al número en el mensaje y esperó a que le comunicaran con Ricardo, después de algunos segundos de espera contestó una voz cálida y amable que enseguida gustó a Cándida. Era él.

Luego de explicarle lo ocurrido, Ricardo quedó de pasar por su celular el siguiente fin de semana a eso del mediodía, así que sin decir más, finalizaron la llamada. Cándida comenzó a imaginar cómo sería Ricardo ¿correspondería lo varonil y seguro de su voz a su apariencia? se emocionó un poco al pensar en alguien cuya voz había llamado su atención instantáneamente, no quedaba más que esperar.

Llegado el día, Cándida se levantó antes de que sonara su despertador, ésta era la primera vez que eso ocurría, por lo menos en los últimos siete años. Se descubrió tarareando una canción mientras se bañaba, sólo sonrió para ella misma, estaba emocionada por conocer a este hombre que sólo con algunas palabras había logrado estremecerla y por unos momentos hacerla sentir guapa, llena de vida y hasta sonreír. Con esa idea en la cabeza, Cándida salió a la calle, irradiaba una energía diferente, incluso hubo varias miradas que se distrajeron al verla caminar, iba pues a encontrarse con Ricardo…

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s