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Dicen que a los 50 empieza la madurez y Cándida apenas tiene 55.

Es vendedora de inmuebles de todo tipo y, por su carácter estricto, se fija metas que para algunos son inalcanzables.

Sus compañeros de trabajo la consideran muy seria, estricta y, por su manera de exigir a sus subordinados, incluso hay algunos que la consideran cruel.

Sin embargo, es todo lo contrario, ella no ha tenido una vida fácil, desde muy pequeña tuvo que trabajar para ayudar a su familia a salir adelante, con muchos sacrificios y siempre poniendo lo mejor de ella misma para ganar el sustento que era tan necesario en su casa.

Normalmente es buena prospectando y cerrando de ventas, busca siempre como apoyar a sus clientes para que sí le compren y así poder ser exitosa ella, junto con su equipo.

Cándida no entiende a las personas que se tiran a la flojera y no hacen un poco más de lo necesario para destacar en ese tan competido mercado, pero haciendo siempre su mayor esfuerzo y no dejando pasar las oportunidades, siempre ha sido ejemplo de supervivencia laboral, a pesar de la terrible situación por la que atraviesa la economía en estos días.

Ahora Cándida, siempre planeando sus actividades para que sus ventas sean exitosas, se encuentra en una disyuntiva que nunca había vivido:
Le han programado una cita a ciegas, ¡qué reto!, ella siempre tan ordenada y con su citas planeadas, hoy tiene que acudir a una cita a ciegas.

Los nervios la tenían muy inquieta y temerosa por no saber a qué se iba a enfrentar, ¿será un cliente?, ¿será alguna evaluación sin aviso previo?, ¿habré dejado de ser útil a la empresa? así era su estado de inquietud y estaba más preocupada por la cita que por revisar el día a día de su trabajo.

Para ella, no vender significa no ganar, pues ella era comisionista y sólo tenía un pequeño sueldo base, pero su perseverancia y constancia siempre la habían hecho ser una gran vendedora y percibir muy buenas comisiones.

Dice el refrán “no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague” y por fin llegó el día tan esperado, más que nada por la zozobra de no saber qué iba a suceder.

Llegó a la cita en una oficina que no conocía, llegó muy a tiempo, como siempre, muy puntual. La recibió un señor muy bien vestido, en una gran oficina, y después de que la asistente le ofreciera algo de beber, ella aceptó un vaso de agua.

El señor, le dijo que tenía muchas referencias de ella y que sabía de su capacidad como vendedora y que era muy estricta, no precisamente cruel, más bien severa y seca en su trato.
Cuál sería la sorpresa de Cándida cuando el señor que la entrevistaba le dijo que era el Director General de la firma donde se desempeñaba como vendedora y que por su excelente desempeño, perseverancia y profesionalismo, el Consejo había decidido nombrarla Directora General de Ventas, con un magnífico salario y prestaciones.
Agradeció mucho Cándida la distinción y aceptó el nombramiento.

Cuando iba de regreso a su oficina, donde ya sólo estaría ese día, lo primero que hizo fue dar gracias a Dios y cantando y silbando se fue a preparar su cambio de posición en la empresa.

Que contenta y agradecida iba, dando gracias por haber sido persistente, estricta y cumplida.
Estoy seguro de que Cándida será la estrella de las ventas en su empresa.

Me encanta Cándida

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