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Cándida Galindez, exitosa ejecutiva de ventas de una prestigiada agencia de publicidad, era ante los ojos de sus compañeros de oficina, sólo un bonito rostro y un cuerpo espectacular. Petulante, cruel, ambiciosa e inflexible y con grandes aires de superioridad, resultaba insoportable y antipática a sus compañeras de trabajo, pero eso a ella le tenía totalmente sin cuidado. Su objetivo era uno sólo, muy claro y persistente, atraer la atención de su jefe…Alfonso.

Durante largo tiempo hizo hasta lo imposible por impresionarlo, pero sobretodo, por conquistarlo. No reparaba en robar información privilegiada, engañar, mentir y si era necesario, pagar con intimidad a sus compañeros, con tal de obtener datos confidenciales y así contar con la aprobación de Alfonso, quien jamás le agradeció nada, ya que todo lo que ella hacía, era considerado como parte de su lealtad y comprometido desempeño.

Alfonso, el hombre de los sueños de Cándida, estaba muy lejos de interesarse en ella. Él ya había puesto sus grandes y hermosos ojos color avellana en otra mujer y, sin importarle quince años de matrimonio con Laura ni sus dos maravillosos hijos, vivía un tórrido romance con su amante.

Las sospechas de la existencia de una amante y los continuos desaires de Alfonso, hicieron que creciera en Cándida una incontrolable sed de venganza, de castigarle por su indiferencia. Durante meses planeó su revancha. Con gran discreción, pero en forma sistemática y ordenada, como lo hacía en el  trabajo,  investigó todo lo referente a la vida personal de su jefe: los horarios y los lugares frecuentados con su esposa y amante, sus llamadas personales, cuestionó a cuanta persona se relacionaba con él para extraer información valiosa. Se volvió una observadora incansable de todos los movimientos de su amado Alfonso para delinear perfectamente su maléfico plan. Sus celos avasalladores la invitaban a seguirlo a todos lados, pero su plan podría fallar y sólo se limitó a investigar y reunir datos, tratando de evitar ser descubierta y con ello malograr sus planes.

Después de reunir información suficiente, Cándida consideró que su plan tenía todos los elementos necesarios para llevarlo a cabo y que éste resultara un éxito.

El momento había llegado y la venganza de Cándida empezó a tomar forma y el primer golpe, lo asestó a Laura. La llamó y tratando de controlar su nerviosismo mezclado con una buena dosis de cinismo, la citó en un lugar que ella y Alfonso frecuentaban con regularidad. Laura desconcertada, cuestionaba a su interlocutora sobre dicha cita y Cándida sólo se limitó a decirle que lo que encontraría, sería algo inesperado y que podría cambiar sus vidas. Laura seducida por la curiosidad y recordando otras ocasiones en que Alfonso la citaba para sorprenderla, accedió y confirmó que acudiría a la cita, lo cual dejó muy complacida a Cándida.

Más tarde y aprovechando la ausencia de Alfonso, con energía y seguridad pidió al chofer, cómplice de Alfonso en sus amoríos, que entregara a la amante de éste, una romántica  é insinuante nota, citándola en el mismo lugar y a la misma hora que a Laura. “Te espero en donde nos conocimos, no faltes, será inolvidable” Te amo, Alfonso. El chofer comiéndose con los ojos a Cándida y agradeciendo el jugoso incentivo económico recibido por el favor, le prometió entregar la nota, recibiendo al mismo tiempo la amenaza de pagar muy cara cualquier indiscreción.

Por último, y tomando todas las precauciones para no ser sorprendida, Cándida dejó caer una nota con las mismas indicaciones en el escritorio de Alfonso:

”Cariño estaré en nuestro lugar preferido el lunes a las 5, me emociona buscar un cambio en nuestras vidas. Te amo, Laura.”

Lunes 4:30 de la tarde, Cándida, con enormes ojeras producto del insomnio de la noche anterior, no de arrepentimiento pero sí de la preocupación ante la idea de que algo no saliera a la perfección en su plan, tal y como estaba acostumbrada, se dispuso a salir de la oficina y suspirando profundamente descendió por las escaleras logrando esquivar hábilmente al chofer de Alfonso; tomó un taxi y le indicó la dirección de su cita a ciegas con el destino.

Lunes 4:40 de la tarde, Laura se arreglaba entusiasmada y con ansiedad por saber qué era aquello ”inesperado y que cambiaría sus vidas” que le había anunciado la desconocida voz con la que había concertado una cita. Tomó su bolso y dándole un último retoque al maquillaje, salió de casa silbando enamorada y alegre.

Lunes 4:40 de la tarde, la amante de Alfonso nerviosa y también con gran inquietud se calzaba lentamente como detalle final para dirigirse a su cita. El amor la inundaba y tarde se le hacía ya por llegar.

Lunes 4:40 de la tarde, Alfonso desconcertado tomó su saco del perchero de su oficina y se dirigió a la puerta murmurando: “¿Un cambio en nuestras vidas? No entiendo, pero debo acudir a la cita, no me gustaría que Laura sospechara que…”

La tarde era cálida y cada uno de los protagonistas de la misteriosa cita tomaba su rumbo para llegar puntualmente a ella.

Cándida deseaba ser la primera en llegar para encontrar el mejor lugar y así no perder detalle alguno del principio y desenlace de su malévolo plan. Encontró un puesto de revistas con una localización perfecta, desde donde podría observar todo cuanto sucediera sin ser vista.

Nerviosa, encendió un cigarrillo y expulsó el humo sin apartar la mirada del punto de reunión, disfrutando cada vez más su plan perfecto.

Mirando continuamente el reloj, los minutos le parecieron horas, su temor de que alguien faltara a la cita y todo lo planeado rodara por tierra, la enloquecía.

Fue Alfonso el primero en llegar, buscando afanosamente a Laura sin lograr verla, mientras ella ya había hecho contacto visual con su apuesto marido y presurosa se dirigía hacia él. Al mismo tiempo, un taxi se detenía en el lugar y a la hora prevista. Nadie faltaba, todos los actores se aproximaban al escenario.

El taxi se acercó lentamente y Alfonso, al vislumbrar una silueta femenina, corrió suponiendo que era Laura la que llegaba. Laura cada vez más cerca, apresuró el paso para reunirse con su esposo y Cándida sintió que el corazón le estallaba; difícil describir sus sentimientos en ese momento, una mezcla de triunfo y adrenalina a su máximo, contrastando con el temor de ser descubierta.

De pronto la puerta del taxi se abrió y Cándida observó como aparecían un par de hermosos  e inusuales zapatos rojos que la horrorizaron al recordar las palabras que su hermana Rosa, la menor y más querida, le había dirigido por la mañana: “¿No te parecen hermosos y originales estos zapatos rojos? Los estrenaré ésta tarde en una cita con el amor de mi vida”. La hermosa mujer se acercó a Alfonso quien desconcertado al descubrir la presencia de su amante, no pudo evitar ser besado por ella. Laura, quien ya se había acercado lo suficiente, alcanzó a ver claramente como Alfonso, el amor de su vida, era besado apasionadamente por una desconocida y a la vez, Cándida, casi desfallecía al contemplar la escena.

Un gran escalofrío recorrió el cuerpo de Cándida, y cegada por las lágrimas, se fue alejando del lugar sin poder creer lo que sucedía. Su venganza se había consumado y el destino, sin tregua alguna, se la había cobrado jugándole una broma macabra. Corrió desesperada perdiéndose entre la gente, llevándose consigo el agridulce sabor de la venganza.

Un pensamiento en “El sabor de la venganza por Patricia Contreras

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