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A veces sueño que estoy en un lugar que parece conocido pero que cambia de forma y no es igual a como yo lo recordaba. Como cuando sabes que estás en tu casa pero hay pasillos que no estaban o puertas que te llevan a un jardín en lugar de al baño. Otras veces mis sueños se tratan de mis amigos contándome los pecados que han cometido recientemente. Esos son divertidos. Luego me despierto sobresaltado por la marcha imperial que suena a todo volumen y que empiezo a odiar cuando antes me gustaba tanto. Apago el despertador.

Me levanto y me pongo el pantalón de mezclilla que muchos dicen que ya debería tirar, pero yo sigo pensando que me queda estupendo. Una pierna a la vez. Las dos entraron. Intento que los botones de la camisa de cuadros queden alineados para poder salir. Todo en orden. Hoy me veo especialmente bien.

Salgo rápido de casa con la mochila llena de cuadernos, libros, un sándwich que se va a aplastar con tantas cosas que lo acompañan y esa agua de limón que seguramente mojará todo otra vez. Camino 3 calles hasta tomar el camión que me lleva a la preparatoria donde siento que llevo demasiado tiempo. No es que sea de esos que reprueban, al contrario, soy bastante listo y con que le ponga atención a las clases de química de Martínez o a las de matemáticas del profesor Sánchez, logro ir pasando los exámenes, ahí más o menos.

Apenas llego a tiempo para entrar a la clase de las 8 donde me siento junto a los malandrines de mis amigos: Enrique, aquel tipo que se relame el cabello y se siente galán pero que no es más que un pesado; Jaime, el cegatón que no quiere usar sus lentes y siempre está chocando por todos lados y Juan, el torcido mental que forra sus cuadernos con recortes de la revista Alarma. Creo que no encajo bien con estos tipos pero me agradan sus ocurrencias.

Todo va bien durante los primeros segundos hasta que Moreno, el profesor gigantesco de literatura que empieza a olvidarse de todo, llega, nos saluda con su tono nada chistoso y dice que hay examen sorpresa. El día acaba de empezar y ya va mal. Me pongo más nervioso de lo que ya estaba y me acuerdo del consejo que me dio mi papá alguna vez: “Debes leer más de lo que te dejan y hacerlo todo los días”. Algo así era, no estoy seguro. El punto es que ahora estoy frito por no seguir esa recomendación y por no haberle hecho caso a lo que Moreno nos dejó de tarea en los últimos días.
La hoja mal impresa tiene preguntas sobre La Divina Comedia, Sherlock Holmes y más libros a los cuales ni me acerqué. Ni siquiera las preguntas de cine que sirven como bote salvavidas evitarán que me ahogue en este examen maldito.

Tic Tac. Tic Tac.

El examen sorpresa termina y seguimos con la tediosa clase de literatura, después toca biología y, al fin, los 90 minutos decisivos que forman el descanso y una hora libre donde todos nos vamos a divertir a lo grande.

Ahora es cuando debe estar llegando el grupo de payasos que ayer amablemente contraté para amenizarle el día al coordinador Ruiz. Llegan 6 tipos de la edad de mi papá vestidos de colores caminando por el patio de la escuela y muchos corren porque, claro, le tienen miedo a estos simpáticos seres llenos de maquillaje y zapatos gigantescos. Otros no corren pero bajan la mirada. A todos les da miedo, no se hagan.

Todo se convierte en un caos latente, como un museo de cera con pulso donde unos se la pasan mal, otros bien, pero nadie sabe exactamente qué sucede. Aunque lo mejor de la función está por llegar.
Me hacen falta unas cuantas clases pero hoy no estaré por aquí. Saldré a caminar por las calles, a la tienda de comics o a esperar que caiga la noche en lo que los estúpidos de la escuela se dan cuenta de que hay una bomba más poderosa que las que explotan en los baños de vez en cuando y que hacen que unos pelmazos terminen castigados.

La búsqueda de que los sueños se hagan realidad comienza en este momento. Unos sueñan con ser libres, otros con lograr algo y los demás con salvarse. Unos harán lo posible, otros no lo lograrán.

Tal vez me castiguen por saltarme unas cuantas clases o por no contestar bien las respuestas de literatura que no me servirán de nada en la vida, pero eso ya será otro día. Hoy soy libre y sólo tengo ganas de salir a tomar aire. Un poco de música no me caería mal ahorita. Me pongo los audífonos y pienso en qué quisiera hacer mañana.

Tic Tac. Tic Tac.

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