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-Entonces… ¿Vamos al cine?

-No sé… No tengo muchas ganas de ir.

-¿Entonces que quieres hacer?

-Pues no sé… ¿Qué te parece si platicamos? Vamos por un café.

-Ok. ¿Pasas por mi?

-Está bien. Paso en un rato más.

Ok. Nos vemos al rato.

Cuando colgó el teléfono, y con toda la pereza de su corazón, se puso de pie. Se dio un regaderazo rápido para quitarse un poco la flojera y arreglarse.


Mientras se acomodaba los botones de la camisa, se detuvo a pensar. ¿Por qué seguía viendo a Laura? ¿Era una simple amistad? ¿Era más bien costumbre? Si bien la apreciaba como amiga, sabía que nada pasaría entre los dos, a pesar de los constantes esfuerzos de parte de ella.

Tomó sus cosas y salió de su departamento. Subió a su coche y se dirigió a casa de Laura. Es curioso lo que la mente puede generar entre un semáforo y otro. Entre una luz verde, una luz roja y el reporte del tráfico de la radio.

“¿Por qué tanta insistencia de su parte? Tal vez es un intento desesperado por llamar tu atención. No. No te hagas ideas que no van… Igual y no es nada… ¿Por qué siempre terminas adelantándote y suponiendo cosas?”

Justo estaba por contestarse cuando se dio cuenta de que había llegado a la casa de Laura. Aparcó, bajó del auto, respiró profundo y tocó a su puerta.

Cuando salió, se saludaron de beso en la mejilla y con un abrazo demasiado largo y un tanto incómodo para Luis.

-¿Cómo estás?

-Bien ¿Y tu?

-Bien. Vuelta loca. – Laura cerró la puerta tras de sí – Tengo muchos pendientes por entregar y ya me había fastidiado de estar con la computadora. Y necesitaba algo de aire.

-Y en tu búsqueda de distracción, se te ocurrió hablarme…

-Pues supuse que no estabas haciendo nada…

-Mmmmm…

-Ándale ya. Además tengo hambre.

-¿Y querías ir al cine a “comer” palomitas? Estás loca.

-No me digas así.

-Pues sólo a ti se te ocurren esas cosas.

-Necesito distraerme. Ya estoy harta de maquetas, planos, planes y medidas.

-Pero querías ser diseñadora de interiores.

-No discutas. Bueno, ya. Vamos, anda. – Laura tomó del brazo a Luis, jalándolo.

-Vamos a caminar. Aquí cerca hay un lugar padre y con vista al parque que está aquí cerca.

Caía la tarde en la ciudad. El canto de los pájaros que volvían a sus nidos se confundían entre el sonido de los autos. Llegaron a un parque. Niños pequeños corrían en sus bicicletas por entre los senderos del parque. Personas paseando a sus perros. Gente mayor caminando por las banquetas. Otros más sentados en las bancas, leyendo o platicando. Pareciera más bien sábado o domingo, y no un miércoles, pensaba Luis. Mientras tanto, Laura seguía mencionando las diferencias entre el uso de los colores claros en una sala contra los tonos grises que había visto en una revista de decoración.

-¡Mira! Ya llegamos. Y te dije que tenía vista al parque.

-¡Mira, tú! Tanto tiempo viviendo en ésta zona y no había visto este lugar.

-El café es bueno.

-Y yo tengo hambre…

-Pues vamos a que te alimentes…

Entraron al lugar. Era un café lindo, bien instalado en lo que fuera una vieja casona de los años 40. Amplio, con las paredes llenas de fotografías artísticas y pinturas entre surrealistas y hechas por niños de 10 años a los que los críticos exquisitos llamaban “Noveau Art”. Patrañas, pensaba Luis. Se encaminaron a los que había sido el balcón, se sentaron y los abordó el mesero.

Después de ordenar, Luis encendió un cigarro. Laura se veía algo inquieta.

-¿Qué te tiene tan intranquila?

-Nada…

-Puedo ver que algo traes…

-Oshhh… -Laura puso los ojos en blanco, sabiéndose descubierta.

-¿Ves?

-La verdad, no sé que hacer… Tengo un dilema, y quería pedirte consejo.

-Pues dime y vemos si te puedo ayudar…

-Pues es que no sé…

-Mira, desde donde lo veo, tienes dos opciones, o me platicas y sacas lo que te preocupa y vemos qué hacer, o callas, hablamos de cualquier otra cosa, te distraes por un rato y te quedas con tus preocupaciones y vemos hasta dónde explotas…

-Me choca cuando te pones en ese plan. –Reviró Laura entre fastidio y molestia.

-Sabes que tengo razón. –Espetó Luis- Es cosa de sentido común… Además, me pediste consejo.

-Ya sé… Pero a veces se me olvida…

-¿Se te olvida…?

-Nada.

Luis puso los ojos en blanco. A veces, hablar con Laura era como topar con pared. Un callejón sin salida. Te dejaba sin opciones. A veces le sorprendía cómo una mujer como ella, que podía aventarse auténticas conferencias sobre interiorismo y color, diseño de muebles y ambientes, Feng Shui y diseño contemporáneo, o soliloquios sobre el comportamiento de su personaje favorito o sobre si la película que habían visto le había llegado tan profundamente, podía cerrarse tan herméticamente.

El mesero llegó. Colocó las órdenes sobre la mesa y se retiró. El sol de la tarde se colaba entre los árboles del parque. Si, parecía un domingo.

-Es increíble la calma que se respire en este lugar, sobre todo en una ciudad como ésta. –Comentó Luis, mientras endulzaba su café.

-Por eso me gusta vivir aquí… Y por eso me va a costar mucho dejarla…

-¿Cómo?

-De eso quería hablar contigo…

-¿Qué pasa?

-Me voy.

-¿Así de simple? ¿Pero qué? –Luis sintió un vacío en el estómago- A ver… Explícame.

-La empresa para la que trabajo va a abrir una oficina en el extranjero y me pidieron que me fuera a acondicionar las nuevas oficinas y que comenzara a ver proyectos que ya se tienen vendidos.

-Órale… Y… ¿Qué piensas? Es bueno, ¿no?

-Pues sí… Me doblaron el sueldo y me dan todas las facilidades. Casa… coche… visa… Pero no sé qué hacer…

-¿No sabes qué hacer de qué? Por lo que me dices, ya es una cuestión decidida. Ya te doblaron el sueldo y supongo que ya arrancaron trámites para la visa y todas las cosas que te esperan en el nuevo destino. Ya no es tan fácil echarse para atrás.

-Pues si… pero… Yo sola… En otro lugar…

-Siempre habías querido viajar. Salir de aquí. Ver otros lugares. Ahora creo que es tu oportunidad para hacerlo.

-Pero eso era, no sé, de vacaciones…

-Es cosa de costumbre, creo. Con el tiempo verás que te acostumbrarás al nuevo lugar. –Decía Luis mientras bebía de su café.

-Lo sé. –Laura terminaba de pasarse un bocado de su sandwich- Al principio, pensaba en eso. Pero con el paso de los días, las cosas que tengo que arreglar, las cosas que debo dejar listas… Me estresa…

-¿Pues qué tanto te vas a llevar? finalmente sólo es tu ropa la que te llevarás y ya. Es como si te fueras de vacaciones.

-Pero como vacaciones de largo plazo… permanentes.

La palabra “permanentes” retumbaba en la cabeza de Luis. Prendía otro cigarro. El café y el cigarro creaban una mezcla extraña en la mente de Luis. El que Laura le dijera que se iba, creó en él un sentimiento de abandono. Y de repente comenzó a echar de menos los momentos que había vivido con ella.

-De repente te fuiste, Luis. –Le despertaba Laura, mientras le acariciaba la pierna.

Él la miraba gentilmente. El humo del cigarro matizaba la escena. “Trátame suavemente” se escuchaba de fondo. Su boca dibujaba una tierna sonrisa.

Él comenzaba a extrañarla. Y aún no se iba.

Aún.

-Sólo un momento. Me quedé pensando.

-¿Y qué pensabas?

-En ti. Y la bomba que acabas de soltar.

-Jajajajajajaja –Laura rompía en risa nerviosa.

-Pues es la verdad. Al final es algo que ya tenías más que decidido. Y sólo buscabas un signo de aprobación en la decisión que acabas de tomar.

-Y también buscaba hablar contigo…

-¿Sobre qué?

Un vacío en el estómago llamó la atención de Luis. No sabía si era el café, el cigarro, ambos o los nervios.

-Te voy a extrañar…

-Y yo a ti…

-Te voy a extrañar mucho…

Luis finalmente terminó por recuperarse del vacío del estómago. Es curioso cómo juega el cuerpo cuando recibe noticias así. El cuerpo se tensa, se torna intranquilo. El juicio se nubla. Confusión.

Trataba de mantenerse en control. Pero era un hecho de que la noticia lo había descontrolado más de lo que hubiese querido. Una avalancha de sentimientos encontrados le invadía la mente y el pecho.

Luis prendía otro cigarro, mientras terminaba su café y llamaba al mesero con un ademán. Laura terminaba su comida y sorbía las últimas gotas de su bebida.

-A veces creo que fumas demasiado. –Disparó Laura– Como si tuvieras hijos en la cárcel.

-Jajajajajajaja –La risa lo calmaba.

-Digamos que es uno de los pocos vicios que tengo.

-¿Qué piensas?

-Dígame, señor. ¿Qué se le ofrece? –Preguntó el mesero.

– “Qué oportuno…” –Pensó Luis- Te encargo otro café. ¿Tú quieres algo más?

-Un té de frutos rojos, por favor.

-Enseguida. –Respondía el mesero mientras recogía los trastos sucios.

-¿Qué piensas, Luis? –Atacó Laura en cuanto el mesero se retiró.

Elvis Costello ambientaba ahora el cuadro. Le llamaba la atención cómo la melancolía de su voz musicalizaba a la perfección ese momento, un momento en el que los recuerdos se agolpaban en su mente. Tantas cosas. Tantas vivencias. Tantos recuerdos. Y le daba nostalgia del futuro. Del hecho de que ya no la vería. De que ya no saldría más con ella. So tell me how am I supposed to live without you…” cantaba Costello.

El sol seguía su marcha hacia el horizonte y ya proyectaba las sombras de los edificios del otro lado del parque. Las luces del parque comenzaban a encenderse. La noche hacía su lenta pero inminente entrada.

A pesar de que él sabia que nada pasado entre ellos, y que solo se habían coqueteado durante mucho tiempo sin formalizar absolutamente nada, no podía evitar sentir tristeza, melancolía y nostalgia por algo que probablemente ya no volvería a repetirse. Ya no más.

-Sigo procesando el hecho de que te vas…

-Eres el primero al que se lo digo…

-Pues vaya primicia…

-Y siento que ya no te voy a volver a ver…

-No digas eso… Estarás lejos… pero siempre vamos a estar en contacto… -Luis le tomó la mano para reconfortarla. Vio que el semblante de ella se entristecía- Siempre podremos hablar por teléfono, Skype, Whatsapp…

-Si… Pero no va a serlo mismo…

-Pero al final, estaremos en contacto…

El mesero se acercó a dejar las bebidas. Buen pretexto para acomodar las ideas y dejar la confusión a un lado. Las notas de un blues resonaban en las bocinas del lugar. Daba la impresión de haberse puesto de acuerdo para hacer más dramático el momento. Incluso, se sentía dentro de una mala película.

Luis tomó su taza. El olor a café le llenaba la cabeza de tantos recuerdos. Tantos momentos. Nostalgia del pasado. Nostalgia de lo inevitable.

Laura tomaba su taza con ambas manos y aspiraba el olor que su té despedía. Un silencio llenaba el espacio entre los dos.

Eric Truffaz hacía sonar su trompeta por los altavoces del lugar, llenando de notas ese silencio que se había vuelto a acomodar entre los dos.

-“Si. Whispering. Vaya coincidencia.” –Pensaba- “Vaya coincidencia”.

-Nos vamos a extrañar. –Rompió el silencio Laura.

-Eso sí. –Contestó Luis.

-Y es raro. Siento que me vas a hacer mucha falta… -Decía Laura, mientras bebía de su taza, como ocultándose detrás de ella.

-¿Por qué lo dices?

-¿Por que si con alguien fui siempre muy cercana, fue contigo.

Luis sintió de repente cómo se le enrojecía la cara.

-¿De verdad?

-Si.

-Por eso me chocan las despedidas…

-Tan tierno tú… ¿Por qué?

-Por que son cosas con las que no sé lidiar. El hecho de saber que ya no estrás aquí me entristece, pero al mismo tiempo me siento contento por ti. Por que tienes una buena oportunidad de desarrollarte profesionalmente y estarás bien en esa parte. Lo demás vendrá solo. –Luis sintió cómo había un poco de mentira en sus palabras, ocultando su tristeza.

-¿De verdad lo crees?

-Si. De verdad lo creo.

Las bebidas se agotaron. Luis levantó la mano buscando al mesero e hizo un ademán pidiendo la cuenta. Laura se veía un poco más tranquila, pero la tristeza seguía asomándose por sus ojos.

-¿Te gustó el lugar?

-Sí. Mucho. Es una pena que no lo haya descubierto antes.

-Cuando vengas de visita, vendremos aquí.

-¿Ya ves cómo te pones? –Le reviró Laura, entre molesta y divertida, mientras le daba un golpe en el brazo.

-Bueno… si no quieres, no…

El mesero se acercó con la cuenta. Luis la tomó, pagó y se levantó de su silla.

-Ven. Vamos a caminar.

Le estiró su mano. Laura se la tomó y salieron del lugar. Así. Tomados de la mano.

La noche había hecho su aparición. El parque se mostraba curiosamente triste bajo las luces amarillas de la iluminación. Las luces de los departamentos aledaños se asemejaban a las estrellas. Unas encendidas. Otras apagadas. Intermitentes. Algunas personas caminaban junto a sus perros. Los autos rompían un poco la calma que se sentía en ese lugar. Fresca y agradable era esa noche.

Luis y Laura seguían tomados de la mano, no queriendo soltarse y dejarse ir, inmersos en un silencio donde las palabras sobraban. Caminaban a paso lento, gozando cada instante de su compañía, como no queriendo llegar a casa de ella. Sabiendo que una vez ahí, no volvería a verla.

Nostalgia. De lo inexorable.

Sin dares cuenta, habían llegado a casa de Laura. Ella seguía tomándolo de la mano. Y él sentía que no quería dejarla ir.

Luis la soltó, y la abrazó. Ahora no sentía incomodidad. Ella puso sus brazos en su espalda. Ninguno de los dos quería dejarse ir.

-Te voy a extrañar, flaca…

-Y yo a ti… y mucho…

 Sin pensarlo, Luis acercó sus labios a Laura. Sintió los suaves labios de ella apretarse a los suyos, en un beso correspondido. Un beso tierno, lleno de tristeza. De melancolía. Oasis se colaba por una ventana lejana… And in your head do you feel…

What you’re not supposed to feel?… And you take what you want… But you won’t get it for free…”

Cuando se separaron, Luis miró fijamente a Laura. Una lágrima rodaba por la mejilla de ella.

-“Por eso me chocan las despedidas…” –Pensaba Luis.

Luis le secó su lagrima y besó su frente.

-Cuídate mucho y mantenme al tanto de ti. Será divertido escucharte y leerte…

-Eres un bobo… -Le contestó Laura mientras dibujaba una sonrisa.

-Te quiero. –Le dijo Laura, susurrándole al oído mientras volvía a abrazarlo.

-Te quiero, Lau… -Le respondió Luis.

Se separaron. Laura tomó sus llaves de su bolso y abrió la puerta. Al cerrarse, Luis se encaminó a su auto. Al subirse, no pudo evitar notar que sus ojos se nublaban.

Encendió el coche. Una canción sonaba en el stereo.

“Only know you love her when you let her go…

And you let her go…”

2 pensamientos en “Let her Go por Daniel Argumosa

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