Home

María Cristina Upyd gustaba de ir al cine sola. Pensaba que a veces, cuando la vida se complica, el séptimo arte tiene la capacidad de devolvernos la paz por medio de un consejo oculto que sólo llega al espectador adecuado. Sabía que siempre había ciertas escenas o frases capaces de apretar esos botones que en el mundo exterior no habíamos encontrado y que, de ser así, uno podía llorar como Magdalena sin temor a ser juzgado.

En fin, aquel pensamiento era una de esas locuras, de esas creencias personales que, como bálsamos, uno se busca para sobrellevar el peso del mundo.

Ese domingo había decidido caminar hasta la Cineteca. Se puso los lentes de sol, colgó su bolsa de lado, se colocó los audífonos y prendió el iPod a todo volumen. Shuffle.

“Todo vuelve a colapsar… todo vuelve a ser normal… sólo hay que entender que nada es por siempre… Todo después de un final, todo vuelve a comenzar… sólo hay que entender que nada es por siempre… todo vuelve a comenzar…”

Los días que se acercan a la primavera tienen un tono especial, al igual que lo tienen los primeros días del invierno; el sol brilla distinto y a María Cristina y su estado de ánimo, esos cambios no les pasaban nunca desapercibidos. Este era el final de un febrero.

La combinación de música y pasos casi siempre termina en una búsqueda. Búsqueda de preguntas, de respuestas, de más preguntas a esas respuestas, en fin, la introspección que provoca el mezclar estos dos elementos es algo que apacigua a más almas de las que uno pensaría. Shuffle.

“Me he arrodillado y me he arrastrado a decirte “perdón” una y otra vez, y al mismo tiempo te digo “no puedo prometer no hacerlo otra vez”…”

Al llegar a la taquilla pidió sólo un boleto para la función de las tres. La gente mira raro cuando alguien hace cualquier cosa solo, especialmente esas cosas que estamos acostumbrados a hacer acompañados. Es una mezcla de lástima e intriga que a los menos acostumbrados molesta, pero a quienes disfrutan de sí mismos, provoca ganas de sonreír a quien con la mirada imagina miles de razones posibles para que alguien decida sentarse dos horas viendo una pantalla sin nadie con quien comentar al lado.

María Cristina compró un helado Roxy de turrón y se sentó en una banca mientras llegaba la hora de la función. Faltaban treinta minutos, así que cruzó la pierna cómodamente mientras bajo sus lentes observaba a todos los que pasaban frente a ella.

“Todos somos un montón de historias” pensó. Shuffle.

“This is the first day of my life… I’m glad I didn’t die before I met you…”

Treinta minutos pasaron. Sonido de un boleto de cine siendo partido por la mitad. Olor a palomitas. Ruido de las impertinentes e inconfundibles bolsitas de dulces. Murmullos que se van acallando… Fuera luces. Que comience la función… Off

Un pensamiento en “On, Shuffle, Off… On, Shuffle, Off… por Verónica Gonsenheim

  1. Me gusta la condensación y la sensación de percibir, con precisión, el tiempo real, el paso del tiempo durando lo mismo que dura la historia.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s