Home

La veían merodeando todas las tardes afuera del viejo cine de arte en la Ciudad, nadie sabía qué era lo que buscaba. Portaba un abrigo percudido y sin botones, un gracioso bombín y unas zapatillas rojas desgastadas. Quien la viera, podía asegurar que hacía unos años, Viridiana había sido hermosa y agraciada.


Se ponía bajo la vieja marquesina y contaba las luminarias fundidas. La semana pasada habían sido cuatro. Hoy, estaban todas encendidas.

Viridiana no tenía un hogar, pero el personal del inmueble aseguraba que alguna vez había estudiado cinematografía. La veían de repente coger una libreta y dibujar distintos planos con acotaciones diversas y escribir un par de líneas, después se echaba a llorar y profanaba en contra del cine y los poetas.

Marco, como el de Fellini, la conoció una noche de septiembre que proyectaban “La Strada” y Viridiana plañía como desquiciada en la taquilla que se encontraba afuera. Marco tocó su hombro y le ofreció una bolsa con rosetas. Le dijo que si dejaba de llorar, podría entrar a ver la película. Le dió un pañuelo, después compró los boletos. Viridiana empuñaba su bolígrafo con fuerza y presionaba contra su pecho la vieja libreta.

Escribió durante toda la función, jamás levantó la mirada para ver aquella obra maestra. Al contrario, anotaba con furia en el cuadernillo y subrayaba palabras regadas en aquellas páginas amarillentas.

-¿Para qué estás aquí, si no planeas ver la película?- Preguntó Marco.

Y Viridiana continuó afanosa en su libreta.

– “Todos en esta vida tenemos un propósito, incluso esta libreta, en donde apunto finales tristes, porque no todo es sobre hadas y princesas. La gente también sufre, como en el cine de Fefe, pero todo tiene un propósito. Hasta el dolor, hasta la muerte, hasta mi llanto bajo la marquesina, hasta los recuerdos que todavía me duelen y pesan. Si quiere un consejo, jovenzuelo, cierre las puertas, no le haga como yo, que permití muchas veces que me hirieran”.

Se alzó de la butaca, agradeció la invitación y regresó a la calle para continuar contando luminarias fundidas.

Viridiana, como la de Buñuel, la que escribe finales tristes en las libretas.

Un pensamiento en “Se llamaba Viridiana, como la de Buñuel por Nori Castro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s