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El proceso de transformación estaba casi concluido. Un poco de polvo traslúcido para dar el último toque al maquillaje, revisar la bolsa para que no faltara nada indispensable, como las llaves, un billete de $200.00, el labial y la credencial del INE.

Listo. No faltaba nada. Únicamente esperar que llegara él para recogerla e irse directo a la fiesta. O casi directo, porque seguramente habría una parada en algún Oxxo o 7Eleven para comprar cigarros. Esa parada nunca faltaba

9:45 pm. 45 minutos de retraso. Montones de mensajes sin respuesta, ni una llamada, y el teléfono manda a buzón de inmediato cuando le marca.

10:00 pm. Todavía ninguna noticia, pero a partir de mañana, o del momento en que en lugar de escuchar un “después de la señal deje su mensaje”, le contestara, se acabaría ese noviazgo.

¡Agh, qué coraje! Tantas horas arreglándose, probándose por lo menos 4 vestidos hasta quedar totalmente satisfecha con su imagen en el espejo, maquillándose con calma y mucho cuidado. Pero en cuanto pudiera hablar con él lo iba a mandar muy lejos.

10:20 Suena el timbre. Marcela entra rápidamente y corre hasta su recámara; abre la puerta de un golpe y se le ilumina la cara cuando la ve.

– Qué bueno que sigues aquí. Me quedé sin saldo y no pude llamarte ni mandar mensajes. A última hora decidí ir a la fiesta y vine volando para ver si todavía no se iban para irme con ustedes. Pobre de tu hermano, ni siquiera lo saludé, en cuanto abrió entré como loca ¿A qué hora llega Max? ¿Me puedo ir con ustedes?

– No llegó, no creo que llegue. No contesta el teléfono ni los mensajes. Ya me iba a dormir, pero, ¿sabes qué? Vámonos a la fiesta. Qué bueno que llegaste.

Llegando a la fiesta todos la miran raro, de hecho, extrañamente era una fiesta muy silenciosa.

– ¿Qué haces aquí? ¿En serio puedes tener ánimo para una fiesta?

– No puedo creer que estés tan tranquila a unas horas de la muerte de Max.

¿Cómo? Por eso no contestaba. Por eso no tenía noticias suyas. Muerto. Así, de repente, en la fiesta sabían pero nadie tuvo el detalle de avisarle a ella, la novia. ¿Qué pasó? No importaba, de todos modos, en este momento no entendía nada. Corrió al baño, se vio en el espejo, se dejó caer sobre la taza de baño… Las lágrimas corrieron por sus mejillas… Se corrió el maquillaje… Muerto, muerto, muerto…

Un pensamiento en “La Fiesta por Cynthia Alfonzo

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