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Sasha se introdujo en aquél oscuro y sombrío edificio. Volteó hacia todos lados y apenas imperceptible por la oscuridad, vislumbró una puerta entreabierta y acercándose, rápidamente la traspasó. Era un baño, cerró con dificultad por lo desvencijado de la puerta y se sentó en el retrete. Tratando de controlar su agitada respiración, repasó todos los detalles de su intrépido escape. Salir de aquél lugar resultaba inimaginable y aquí estaba, aterrada, pero viva.

Con miedo y ansiedad, introdujo los dedos por el marcado escote de su vestido y temiendo no encontrarlo, busco el objeto de sus miedos, el microfilm extraído de la bolsa del saco de su acompañante. Tomándolo entre sus manos, lo acarició como se acaricia a lo más preciado y comenzó a llorar. Las lágrimas corrían por sus mejillas dejando gruesas líneas de pintura de ojos, ya bastante desgastada por el sudor. Lo introdujo nuevamente, como si temiera que éste desapareciera por arte de magia.

Después de unos segundos buscó en su bolsa la cajetilla de cigarros, que a duras penas conservaba después de su rápida huida; tomó uno y lo encendió, notando como el cigarro se manchaba de carmín y del negro de sus ojos. Durante unos segundos, contuvo el humo en su boca y después lo exhaló como tratando de sacar en él todos sus miedos, su temor a ser descubierta, su angustia de salir bien librada de ésta nueva misión.

Finalmente, apagó el cigarro en el piso y con decisión tomó su bolso y asegurándose de que el microfilm aún permaneciera entre sus senos, se levantó decidida a abandonar el baño y el edificio.

La bella mujer salió con la decisión de afrontar lo que se presentara, estaba cansada de huir, de vivir al filo de la muerte, de esconderse. No había caminado unos metros, cuando topó con una silueta que le encogió el corazón, era Tom el inglés de quién huía. Decidida lo enfrentó y el la rodeó con sus brazos y le dijo: ¿por qué huiste amor mío? Y besándola la apretó hacia su cuerpo y le pidió el microfilm. Sasha confiando en sus habilidades, lo extrajo y trato de desprenderse de los brazos de Tom. No pasó mucho tiempo cuando se escuchó un disparo. Los ojos de Sasha fijos en los de Tom, mostraban satisfacción y alivio. Lentamente el cuerpo de Sasha se fue desvaneciendo y Tom musitó a su oído: “eras tú o yo cariño, en ésta ocasión perdiste”. Tom depositó el cuerpo inerte de Sasha en el asfalto y huyó del lugar. Desde una esquina había un mudo testigo del asesinato, un gato gris que observaba la escena fijamente para luego darse la vuelta y huir también. Esta vez, Sasha había perdido ¿o había ganado su libertad?

2 pensamientos en “Secretos que Matan por Patricia Contreras

  1. ¡Cómo se atrevió a matarla! ¡Pinche Tom! Bien narrado Triccia. Besos. Nota: se supo que el gato gris sigue refundido en su escondite, bien claro tiene el precio de su testimonio.

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  2. Pingback: #RetoAsíntotas | Asíntotas

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