Home

– No sé… ni siquiera voy a tener nombre.

– Eso no es verdad. Desde hace meses te pusieron un nombre, es Martín

– Martín. Me gusta, significa guerrero. Pero… no voy a conocer a mis papás.

– Eso tampoco es verdad. Si, serán solo unas horas pero podrás percibir su aroma, su tacto, su amor. Mejor platícame, que es lo que vas tú a hacer en tu primer y último día de vida con ellos.

– No sé, ¿llorar?

¡Marco, se me rompió la fuente! ¡Tenemos que ir al hospital! Marco se levantó rápidamente del sillón. Recorría toda la casa deprisa, aturdido. Agarraba todo y tomaba nada. Por fin se dio cuenta de la mirada de confusión y súplica de Natalia. Se acercó a ella, le dio un beso en la frente y la ayudó a levantarse. Era hora, el momento había llegado.

Marco y Natalia eran conscientes desde hace algunos meses de que Martín tenía un problema cardiaco, era posible que no sobreviviera las primeras veinticuatro horas. Aun así decidieron que valía la pena correr el riesgo, que valía la pena abrazarlo, que valía la pena conocerlo. Darle lo mejor mientras estuviera con ellos.

Ya era parte de ellos.

El doctor les confirmó que Martín estaba grave. Lo tendrían en observación. No había garantías. Natalia simplemente asintió y lloró en silencio. Marco solamente la abrazó.

– Hola, bienvenido de regreso.

– La verdad fue algo muy difícil, pero creo que salió todo bien dentro de lo posible.

– ¿Sí? Cuéntame, ¿Qué hiciste en tu primer día de vida?

– Es una pregunta curiosa, dadas las circunstancias, pero lloré cuando tuve que hacerlo para que supieran que estaba bien. Una vez que me pusieron en brazos de mi madre, me dediqué a mirarla profundamente, tratando de decirle que todo estaría bien, que estaría con ellos siempre, que la amaba. Sonreí para ella.

Mi mamá estaba feliz. Podía sentirlo, me dijo que no me preocupara, que ahí estaba para cuidarme; fue en ese momento que me recosté en su hombro.

– Gracias por hacerlo tan bien. Dime ahora ¿qué hiciste el último día de tu vida?

– Ahora que lo mencionas, me pasé gran parte del día en una caja transparente, no me podía mover mucho y tenía cables conectados a mi cuerpo, muy incómodo. Por eso no dejaban a mis padres acercarse a mí. Así que decidí que tenía que aparentar que estaba muy bien para que los dejaran estar conmigo.

Así fue que mi papá llegó y me tomó en sus brazos. Me cargó en su hombro, junto a su oreja y ahí le susurré: “Perdóname, sé que los haré sufrir. Deseaba estar con ustedes más tiempo. Pero tras de mí viene alguien más que les devolverá la felicidad. Espérenlo. Ámenlo como a mí, como ahora yo los amo”. Estoy seguro que me entendió porque asintió con la cabeza mientras las lágrimas se perdían en una incipiente sonrisa.

– ¿Entiendes lo que hiciste ese primer día? Les diste felicidad.

– Sí, aunque duró poco tiempo.

– Eso es verdad, pero en tu último día les diste algo más grande: Esperanza.

– Confío en que así haya sido. ¿Tú has estado allá también?

– En realidad no, es algo que quiero hacer desde hace mucho

– Ojalá así sea, vale la pena. Pero dime, ¿qué harías en tu primer o en tu último día de vida?

3 pensamientos en “24 Horas por Héctor Villalvazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s