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Dicen que por un instante se tocan,
Al nacer, sus ollares redonditos.
Múltiples riesgos, varios inauditos
Y que al lograr vivir los remontan.

 

Se sabe que’l recién alumbradito
Poco vivió y, casi sin habitar
Del vientre pasó, –al resollar y soplar–
Sin huella cierta, a cadaverito.

 

­Pero ¡qué había él de proferir!
Si el pobre, ya se sabe, sólo duró
Menos de lo que suena un chasquido

 

Probable es que no deseara sufrir
Y de los labios de su madre logró
¡Un profundo y doliente resoplido!

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