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Era una luz tan brillante que lo deslumbraba, pero a la vez, le provocaba un gran impulso a seguir adelante. La amorosa voz que le daba la bienvenida era la de su madre; lo cálido y confortable del lugar y esas voces que le alentaban, generaban una gran confianza en Luca, sin embargo…

Aquel día, el despertador sonó como siempre, a las 7 de la mañana, y ayudado por las campanas de la Catedral IL Duomo en Milán, Luca despertó y cobijándose nuevamente, decidió permanecer en la cama un rato más. Cada vez le resultaba más difícil levantarse.

Desde niño había observado a su madre preparar ricos y variados platillos, lo cual despertó en él un gran amor por la cocina y lo llevó a intentar nuevos sabores y combinaciones, naciendo así el sueño de llegar a convertirse en un gran chef. Durante su juventud, Oriana, su amor de la infancia, solía acompañarle a lugares apartados a pensar en sus nuevas recetas, mientras ella disfrutaba trazando líneas y bocetos de lo que soñaba sería su futura colección de ropa.

Con más pesar que gusto, Luca se incorporó tratando de dejar a un lado la apatía que le acompañaba desde tiempo atrás, se arregló y encaminó rumbo al restaurante. Había caminado sólo unos cuantos metros cuando escuchó el rechinido de las llantas y sintió un fuerte golpe en la pierna, cosa que hizo que su cuerpo girara y cayera estrepitosamente en el asfalto. Luca no supo más de él sino hasta dos semanas después.

Mientras permaneció inconsciente, en estado de coma, todo tipo de pensamientos ocuparon su mente: pasajes de su niñez, de su juventud, de su inminente regreso cuando estudiaba para chef en la escuela Stile Italiano en Roma ante la repentina y dolorosa muerte de su madre; el tener que abandonar los sueños largamente acariciados desde su infancia. También vino la imagen de Oriana, de la separación de su gran amor, ya que ella había permanecido en Milán estudiando una prometedora carrera de diseñadora de modas.

Nuevamente, esa luz cegadora le inquietó y le obligó a abrir los ojos, para encontrarse con aquel rostro conocido. Oriana, bañada en lágrimas, le pedía que volviera, que no la abandonara otra vez. Luca, tomando con ternura su mano, se percató de que había vivido en ese lapso de tiempo dos grandes límites, el de la vida y la muerte, y decidió retomar sus sueños olvidados y volver a empezar como si ese fuera el primer día de su vida.

Un pensamiento en “Sueños Olvidados por Patricia Contreras

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