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La Margarita dijo no.

Se conocieron.

Un buen día el destino los unió en el momento que ellos menos esperaban.

“No sé por qué, me convenció. Hace tanto de aquello”.

 Se amaron.

Era una relación envidiable, llena de risas y buenos momentos. No había nada que opacara sus momentos juntos. No había nadie que los viera bailar y reír sin darse cuenta de su felicidad. Se amaban sin control. Siempre fueron cómplices de sus tonterías y travesuras. Cómplices de sus sueños e ideas. Cómplices de vida.

Se separaron.

Jamás pensaron que podría pasar, pero tomaron caminos diferentes y sus vidas estuvieron separadas durante años.

Se juntaron de nuevo.

Un reencuentro inesperado. Único. Especial. Lleno de ilusiones.

Se separaron por siempre.

Un día dejaron de serlo. Un día ya no eran aquéllos tontos que más que una pareja eran grandes amigos. Tomaron caminos distintos. Sin embargo, saben que siempre serán cómplices uno del otro. Cómplices del amor eterno que se tienen. Lo esconderán frente a quien sea si es necesario. Se amarán por siempre a pesar de todas las circunstancias que pueda traerles la vida. No importa el camino que tomen, por que ellos siempre estarán unidos por mente, cuerpo y alma, pero nunca estarán juntos de nuevo.

“Bajo la lluvia y bajo el Sol, bellos e inmóviles los dos se prometieron no crecer”.

Su separación fue por amor propio. Por ese amor eterno que prefirieron dejar sano y en paz, a seguir lastimándolo y llevándolo por el camino equivocado. Tomaron la decisión correcta para que el amor siguiera creciendo sin rasgarlo, sin lastimarlo.

“Bajó la Luna y le habló: para volver, la condición es que hay que transformarse en ola y no dejar tu orilla sola, ni siquiera un momento”.

Y entonces ella trabajó en volver. En conquistarlo de nuevo y hacer que regresara.

“Pero les pudo la ambición: él quiso acariciar la Luna; ella, ser rosa y amapola. 

Y esperando visita, deshojé margaritas. 

Él buscó pretextos, ella razones.

Él buscó excusas, ella pruebas.

Él buscó historias pasadas, ella hechos presentes.

 “Para volver, la condición es que aprendamos a crecer,  sin que caduque la pasión, aunque no me arrepiento. Sin que nos gane la ambición”.

 Ella se alejó. Se dio por vencida. El amor había caducado por completo. Durante años enteros esperó un sí. Decidió deshojar una margarita para obtenerlo y se la envió a él para demostrarle su amor y que la margarita hablara, pero la margarita dijo no.

 “Pasaron los años y ella se marchitó deshojando fantasías. El niño se hizo mayor.
No han vuelto a verse en la vida…”

 Ella no insistió más.

“Qué extraño es esto del amor, ¿por qué preguntan a una flor?”

Un pensamiento en “La Margarita Dijo No por Koskilla Carrola

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