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“Y vivieron felices para siempre”. Sí, cómo no. Se nota que ellos no viven con Aurora.

Y es que, después de luchar en contra de Maléfica- que tuvo el gracioso detalle de convertirse en dragón- casi morir quemado y exponerme a otros molestos peligros, llegué a la torre y ahí estaba ella, dormida en su lecho. Estaba tan bonita, se veía tan dulce que me acerqué y le di un tierno beso en los labios; ella abrió los ojos, me miró…y hasta ahí el cuento de hadas. No sé por qué, pero juro que de la nada, empezó a llorar. Inmediatamente entraron sus padres. Su madre la abrazó y me echó una mirada furibunda, su padre me increpó diciendo que esa situación era totalmente intolerable y que nos teníamos que casar. Yo, la verdad, sólo asentía, sin decir palabra y sin entender qué estaba pasando.

De la boda nada tengo que decir. Si hubiera existido en esa época, seguramente habría salido en las páginas centrales de la Hola!. Todo estuvo esplendoroso y espectacular, Aurora lucía radiante y feliz, y mis suegros se portaron muy amables.

Lo malo vino después de la luna de miel. A partir de ahí Aurora cambió. Todo el día era “Felipe, no escales ese árbol”, “Felipe, no montes a caballo, que es peligroso” “Felipe, deja esa espada y cuida de los niños”, Felipe, Felipe, Felipe. Todos los días eran reclamos porque hacía o porque dejaba de hacer. Su carácter dulce y cantarín que tenía la vez que la encontré en el bosque se había esfumado. Y para acabarla de amolar, estaba su madre, quien le hacía segunda en sus reclamos y le calentaba la cabeza. Su padre era un tipazo. Fuera de aquél incidente de la torre, nunca volví a tener problemas con él. Hasta se podría decir que me miraba con un poco de pena, reconociendo, seguramente, que éramos compañeros del mismo dolor. Y pensar que todo empezó por un simple y cándido beso, que, por cierto, fue el último porque según Aurora, me apesta la boca.

La verdad yo no entiendo a los escritores de cuentos infantiles ¿qué necesidad hay de una boda? ¿no podría quedar en el heroico rescate, la princesa agradecida, una fiesta de agradecimiento de parte de los reyes y ya? Cada quien podría seguir felizmente su camino, quizás encontrar el amor en algún otro lado o vivir una vida de placentera soltería, según los gustos de cada cual. Pero ¡ah, no; tiene que haber boda! De acuerdo, si es indispensable para la felicidad de los niños (aunque sospecho que es la de las niñas) que haya boda, pero que nos casen con la villana del cuento. Total, al final ambas terminan pareciéndose, pero uno ya está preparado y no le salen con sorpresas.

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