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Charlotte sale apresuradamente de la oficina para dirigirse a la fiesta de cumpleaños de su querida amiga Raquel que vive en un pequeño pueblo situado a varios kilómetros de distancia de la ciudad.

Es viernes y aunque se encuentra agotada, sabe que no puede eludir su compromiso. Raquel jamás se lo perdonaría. Sin ánimo, sube al auto y enciende el motor.

Conforme avanza por la carretera, nota una densa niebla que cubre el hermoso paisaje y le impide tener una adecuada visibilidad. Aun así, decide extremar precauciones y continuar.

A esa hora ya todo es silencio y oscuridad. Puede ver a la orilla de la carretera, una extraña residencia de piedra con un viejo portón negro. Afuera hay un enorme farol que alumbra la entrada de la propiedad.

Al acercarse, observa la silueta de un hombre que permanece inmóvil junto al farol. Llama su atención lo elegantemente vestido que se encuentra. Porta un fino traje de color negro con un clavel rojo en la solapa, junto con un sombrero de ala ancha sobre su cabeza; algo que le resulta inusual.

El voltea hacia ella y la observa detenidamente. Por un instante un escalofrío recorre todo su ser; como si al mirarla, él ejerciera sobre ella, un incontrolable poder de atracción. Charlotte acelera y se aleja rápidamente del lugar.

Una hora más tarde, llega a su destino. Raquel la recibe afectuosamente y la invita a pasar al jardín. Saluda efusivamente al grupo de amigos reunidos y se acerca a la barra para refrescarse con su champagne preferido. Decide entrar a la casa y sentarse en la sala, junto a la chimenea, para mitigar un poco el intenso frío de la noche invernal.

Absorta en sus pensamientos, siente la presencia de alguien que se acerca a ella por detrás. Voltea instintivamente y logra identificar su rostro. Se da cuenta que es el hombre de la carretera. Ella lo mira sin saber que pensar.

“Hola, qué coincidencia encontrarte aquí. Espero no haberte asustado.” murmura el hombre con naturalidad.

Ella nota inmediatamente su acento extranjero y le sonríe con espontaneidad.

Durante toda la noche se vuelven inseparables y se comportan como si nadie estuviese a su alrededor. Salen a la terraza y bailan bajo la luz de la luna; como si se conocieran de toda la vida, como si existiese entre ellos un lazo especial.

Antes de la media noche, él le propone alejarse del bullicio de la fiesta y tomar el camino de regreso a la ciudad. Ella lo invita a tomar una copa en su casa y se escabullen silenciosamente del lugar.

Esa noche viven el romance más inesperado de toda su vida, el más intenso y romántico; fundidos en un solo cuerpo, en un solo espíritu, hasta que el cansancio los logra vencer.

A la mañana siguiente, Charlotte despierta pero el misterioso caballero se ha marchado sin decir adiós.

Y pasa días esperando en vano su llegada hasta que decide contactar a Raquel.

Para su sorpresa, ella le dice irónicamente: “Jamás estuvo en mi casa ese hombre, lo hubiera notado inmediatamente. Debes haberlo soñado, o es producto de tu imaginación. Aunque debo confesarte que te comportaste un poco extraña en la reunión. Toda la noche te apartaste y estuviste sola en la terraza. De pronto te levantaste y te marchaste sin decir adiós.”

Asustada, Charlotte cuelga el teléfono e intenta encontrar alguna explicación. Sabe que no fue un sueño lo que sucedió. Busca algún indicio de lo ocurrido, hasta que encuentra una medalla antigua con una imagen desconocida, tirada en una esquina del jardín. Al investigar, descubre que proviene de un alejado pueblo ubicado en las montañas de la Europa Oriental.

Impulsivamente decide seguir sus instintos y toma el primer vuelo hacia el remoto lugar. Al caminar por las calles observa algo a lo lejos, que le es familiar. En lo alto de una colina, hay una residencia con un viejo portón negro. Afuera, hay un enorme farol que ilumina la entrada de la propiedad. Pareciera ser la misma casa de la carretera, transportada a ese lugar.

Inmediatamente, se siente atraída por su encanto y se deja llevar. Al llegar, encuentra abierto el portón y entra silenciosamente. Por su estado, esa casa debió haber sido abandonada mucho tiempo atrás. Decide subir al ático, donde encuentra un enorme baúl de madera. Al abrirlo, encuentra algunos objetos de valor, y una cajita sellada, que inmediatamente llama su atención.

En su interior, ve la fotografía de un hombre caminando de la mano de una hermosa mujer. Inmediatamente lo reconoce, sabe que es él. Y cuál es su sorpresa al reconocerse a sí misma en aquella foto, caminando por la playa, junto a él. Lo increíble de la foto es que fuera tomada casi un siglo atrás.

Lee la dedicatoria: “A mi adorada esposa, en nuestro aniversario de bodas. Prometo que nada podrá separarnos. Siempre estarás junto a mi”

En ese momento, todo se vuelve claro para ella y decide quedarse. Al llegar la noche, se asoma por la ventana y busca desesperadamente a lo lejos aquella silueta, junto al portón.

Sabe que él cumplirá su promesa, sabe que el pronto vendrá.

Sólo es cuestión de esperar…

Un pensamiento en “El Hombre de la Carretera por Virginia Escudero

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