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Kendra es una joven española, culta, extrovertida y simpática. Desde su infancia mostró gran interés en visitar museos y galerías en donde ahora pasa largas horas observando y disfrutando las pinturas, teniendo un especial interés en “Las Meninas” de Diego Velázquez y frente a la cual pasa mucho tiempo en el Museo Del Prado en su natal Madrid.

Cierta tarde, y ya muy cercana la hora de cerrar el museo, Kendra decidió visitar por enésima vez su cuadro favorito. Se acercó al percibir un resplandor inusual que atribuyó a la luz tenue generada por la hora. De pronto se sintió atraída por una fuerza incontrolable que la empujaba hacia al cuadro y que a pesar de su resistencia, no le permitía alejarse de él.

Kendra sintió un giro vertiginoso perdiendo casi el conocimiento, hasta llegar a un cuarto con poca iluminación y rodeada de objetos que no le parecían propios del museo. Poco a poco, fue cobrando conciencia y súbitamente una mano fuerte la incorporó. Su sorpresa fue mayúscula al ver frente a ella nada más ni nada menos que al genial pintor Diego Velázquez, autor de su cuadro favorito.

La joven se quedó petrificada, tratando de comprender, de racionalizar dicha imagen, pero su estupor se lo impedía. Diego trató de serenarla diciéndole que eso no era un sueño, que era una realidad, lo que confundió más a Kendra.

Después de unos minutos, la joven atinó a preguntar en dónde se encontraba y el porqué. El pintor la invitó a sentarse y a escucharlo. Kendra sorprendida se sentó y se dispuso a escucharlo. Diego, repasando su largo bigote, le indicó que su presencia en ese lugar no era una casualidad. Desde tiempo atrás, le dijo, se había percatado del gran interés que su magistral obra despertaba en ella y decidió transportarla a su cuadro para hacerle una grata propuesta.

La joven cada vez más sorprendida, le preguntó sobre la propuesta y el maestro le pidió se convirtiera en el alma de uno de sus personajes, el de la Infanta Margarita de Austria. Kendra no sabía si llorar o reír, simplemente le parecía sobrenatural todo aquello y con desconfianza y cierto temor le dejó ver al maestro, que eso era imposible. Diego Velázquez, no estaba acostumbrado a tales respuestas y sólo respondió: ¿Lo aceptas o no?

-¿Aceptas o no? cuestionó con impaciencia el maestro.

La emoción y lo sorpresivo de los hechos, hizo que Kendra aceptara y en cuestión de segundos se encontró enfundada en un vestido de época, con una cabellera rubia y con la edad y estatura de una niña, se había convertido en la Infanta Margarita. Las personas a su alrededor le prodigaban múltiples atenciones. Esto era más de lo que podía generar una desbordada imaginación.

El pintor tomó su paleta de colores y empezó a delinear la grácil silueta de la niña. Kendra hizó lo más parecido a posar y de reojo trataba de identificar a los demás personajes a su alrededor, identificando a las Meninas, a dos enanos, un perro, a unas damas y un caballero, reconociendo perfectamente a todos por su gran conocimiento del cuadro. Al cabo de unos minutos, Diego le dijo con tono triunfador: ¡Todo está listo!

-¿Tan pronto? – Cuestionó Kendra.

-¡Sì! -Respondió Diego. Ahora su Majestad posee un alma.

Kendra no sintió cambio alguno y nerviosa e impaciente, pidió al maestro regresarla al museo, ya que su angustia iba en aumento.

-¡Claro! – ¡Ahora volverás!

En un segundo Kendra regresó al museo con la rapidez con que llegó y se encontró nuevamente frente al cuadro. Esforzándose en comprender lo sucedido, se acercó nuevamente para observar el rostro de la Infanta Margarita, sin encontrar nada inusual. Sobresaltada y confundida, se acercó aún más y con horror se percató de que su cara estaba en Mari Bárbola, la enana que figuraba en el cuadro. En su sorpresa, Kendra no alcanzaba a percatarse de que se introducía nuevamente al cuadro y la enana sonreía malévola.

La joven ahora estaba a merced de la enana quien poseía su alma. Todo había sido un ardid de la enana, quien, pretendiendo ser Diego Velázquez, la había engañado y le había robado el alma para sus maléficos planes. La enana narró a la joven cómo a través de observarla cada vez que admiraba el cuadro, planeó todo para despojarla de su alma e introducirse a su mundo y suplantarla en la vida real.

Pronto Kendra se encontró en el cuadro, al lado del otro enano llamado Nicolasito Pertusato y horrorizada contempló cómo la enana traspasaba el cuadro para regresar al museo y convertirse en una hermosa joven que ahora pertenecía a un mundo real. La enana sonriendo, se retiró de la sala, volteando hacia Kendra y haciendo un irónico gesto de despedida, desapareció.

Si te gusta observar por largo tiempo un cuadro, cuídate mucho, porque tal vez alguien desde dentro, está planeando un robo…

Un pensamiento en “Regálame tu Alma por Patricia Contreras

  1. Muy interesante. ¿En qué cuadro te puedo encontrar plagiada Pati?. Qué terrible caso el de Kendra, porque Ken sabe cuándo vendrá. Saludos.

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