Home

“El ganador por knock-out en el séptimo asalto… ¡Pete “El Conde” Martínez!”

La pelea termina y yo estoy igual de devastado que mi oponente, quien apenas puede levantarse con la ayuda de su entrenador y de un par de personas más. Lo llevan a su esquina tratando de que al menos se entere que ha perdido el cinturón dorado.

Unas palabras para el público que grita eufórico desde sus lugares al ver que he logrado vencer a mi adversario en esta histórica pelea pactada desde hace varias semanas. Con trabajo puedo recordar las palabras ensayadas con anticipación, por si lograba el triunfo.

La transmisión termina y son varios minutos los necesarios para poder ir al vestidor donde otros reporteros me esperan con sus grabadoras, sus cámaras y sus trajes con el logotipo de sus amos bordado en la solapa. Me saludan cortésmente y me hacen pregunta tras pregunta y yo les hablo de lo afortunado que me siento al lograr ganar este encuentro, de la preparación que llevé durante todo este tiempo y de las personas a quienes dedico mi victoria. Basura prefabricada para llenar los ojos y oídos de los televidentes.

Desde hace tiempo sé que esto ya se está terminando para mí. Conseguí aquello con lo que muchos sueñan y son muy pocos los que lo obtienen, ya sea ahorita o a los 90 años. Otros no tienen siquiera la capacidad para saber qué es lo que quieren. Yo llegué mucho más allá que cualquier persona promedio de mi país, pero me siento como un niño de 30 años al que se le terminó la programación en la televisión.

Recuerdo aquellos viajes a la playa con mi abuelo, donde mi mayor preocupación era no perderme o que no me llevara una ola; mis primeros amigos en el kinder, con los que hacía planes de vida que seguro se cumplirían; mis años de estudiante donde aprendía miles de datos que me serían esenciales para todo; las travesuras que ameritaron que me suspendieran de la escuela en varias ocasiones; mi primer auto donde viajaría solo sin rumbo fijo; los cheques ganados por mis primeras peleas… Esas eran las pequeñas cosas de la vida que me hacían ser feliz.

Hubiera querido que fuera diferente. Algo no tan bueno como lo que he logrado ahora, algo con más fallas y menos aciertos. No es así. Me he vuelto esclavo de mi propio éxito, como los reporteros que sienten que ganarán un Pulitzer por entrevistar al boxeador que dejó tirado al otro y ganó un puñado de billetes.

Ahora faltan pocas peleas para retirarme. Probablemente me quedan unos 40 años de vida, pero da igual. No me interesa. Ya no escucho bien, no veo claro de un ojo, no coordino y me han golpeado tanto que mi memoria se reduce a tener alguien que me recuerde lo que debo hacer o, incluso, lo que estoy haciendo. Soy comida rápida que alguien dejó envuelta en aluminio.

Ahora sólo quiero ir a descansar a mi hotel para tomarme unos días y retomar mi entrenamiento para la siguiente pelea. Ya tendré tiempo para pensar en mi nueva carrera como comentarista de peleas que alguna vez fue campeón. Escribiré un par de libros y a vender cientos de artículos con mi firma estampada en ellos.

Mientras otra cosa sucede, en mi mente sigue resonando ese grito que me sigue sacando una sonrisa: “El ganador por knock-out en el séptimo asalto… ¡Pete “El Conde” Martínez!”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s