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– “Entiendo que tiene necesidades comerciales que nadie más puede satisfacer… y en tantos mercados a la vez”.

– “Cierto, cierto…. Es complicado mantener una empresa de este tamaño con los recursos disponibles….”

– “Lo entiendo, créame… porque, además, entre más éxito tiene, más trabajo obtiene y eso requiere… ¿Cómo decirlo? Más recursos”.

– “En efecto, es difícil mantener el paso… Las demandas de mis superiores son cada vez mayores, la carga de trabajo, las metas mensuales y anuales… Es complicado.”

– “Lo entiendo, lo entiendo… Pero con mi empresa puede tener todo lo que requiere… servicios de transportación, insumos para la operación, energía… todo en un proveedor único y confiable. Además, le podemos dar hasta 90 días de crédito en productos seleccionados”.

– “No sé, eso de concentrar las operaciones con un solo proveedor… Me preocupa”.

– “¿Cuál es su objeción? ¿Tiempos de entrega, precios, calidad…? ¡Todo podemos resolverlo!”.

– “Eso lo entiendo… Me preocupa que en la condición actual, pueda cumplir en tiempo y forma todos los compromisos…”

– “Delo por descontado. Podemos con sus necesidades. Mire… Hay una idea…”

– “Dígame…”

– “Pruébenos en una de sus sedes. Déjenos surtirle allí de todo lo que requiere para la operación. Si ve que funciona, nos asigna todo el contrato”.

– “La verdad es que es otro punto el que me preocupa, Señor Cohen…”

– “No veo qué debe preocuparle más que la entrega, calidad y precio sean los óptimos. Y nadie, oigame bien, nadie puede vencernos en esos aspectos”.

– “Es que Usted está más cerca de ser mi usuario que mi proveedor. Esa es la verdad. Y dudo que mis superiores…”

– “¡Olvide las dudas! Sus superiores son personas racionales y con una meta. Les preocupará la eficiencia y la eficacia, nada más….”

– “Pero me preocupa que si su nombre trasciende…”

– “No tiene por qué. Komplettanbieter von Rhein es suficientemente neutro para que Usted no tenga problemas”.

– “¿Entiende la naturaleza de mi tarea, señor Cohen…?”

– “No, y no me preocupa. Usted es un cliente más… el más importante para mí en este momento, y con gusto haré todo lo que podamos para satisfacer sus necesidades. Mire… Hay una idea…”

– “Dígame…”

– “Pruébenos en una de sus plantas. Déjenos surtirle allí de todo lo que requiere para la operación. Si ve que funciona, nos asigna todo el contrato”.

– “La verdad es que es otro punto el que me preocupa, Señor Cohen…”

– “No veo qué debe preocuparle. Su éxito es mi éxito…”

El general Enrich Von Pastor siguió dudando y argumentando, pero Sasha Cohen era un hábil vendedor y negociante que logró el contrato de su vida: sería proveedor único del Campo de Readaptación Social y Limpieza de Treblinka a partir de junio de 1942, con la posibilidad de ampliar su cobertura a otras sedes del Operativo Reinhard más adelante.

Antes de firmar el contrato, el general Von Pastor recordó la frase de Lenin, “Los capitalistas nos venderán la soga con que los ahorcaremos” y pensó, por una vez, que su enemigo podría tener algo de razón. Al menos por una vez. Al menos por esta vez.

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