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Colgué el teléfono. Era mi hermana, suplicándome que la acompañara a un evento. Me comentó que su acompañante le había cancelado de último momento y que yo era su única opción, pero ahora, mientras lo pienso mejor, más claro se vuelve todo. He llegado a la conclusión de que su excusa no es muy inteligente. No estoy acostumbrado a asistir a esa clase de lugares, pero esta es una ocasión especial, así que accedo.

Después de darme un largo baño, trato de elegir un conjunto formal, hasta que me decido por unos zapatos y un pantalón de color negro, una camisa de cuadros azul con gris y, como ha estado lloviendo, me pongo mi gabardina negra. Recibo una llamada de mi hermana, me está esperando en su auto afuera del departamento. Me apresuro para salir.

Su sonrisa describe lo emocionada e impaciente que se encuentra, pues creo que ese momento lo soñó desde hace un par de años, en cambio yo me noto igual, aunque algo incómodo. Al llegar, bajamos del vehículo, y comenzamos a caminar sin titubeos. El espacio era justo como me lo había imaginado: pulcro, sofisticado y amplio; observo a las personas en busca de algún rostro familiar, aunque sé que el resultado será decepcionante.

Miro mi reloj para ver si estamos a tiempo, todo está en orden, estoy en el lugar correcto, decido tomar asiento en el lugar correspondiente. De pronto, como un imán, mi mirada se cruza con la de ella, nos hemos reencontrado. Las luces se apagan por un segundo y cuando se encienden de nuevo, la veo claramente, estoy seguro. Un sentimiento sobrenatural me está absorbiendo; mi mente, poco a poco, se desconecta de mi cuerpo, es imposible moverme, e incluso, tomar aire requiere de un gran esfuerzo. Es la única que consigue que se mezclen mis más profundas emociones, tengo que acercarme a ella, pero ahora parece algo imposible.

Empiezo a escuchar la música y ella hace su gran entrada. Es hermosa, se encuentra rodeada de un bosque tenebroso en la medianoche, pero no tiene miedo; trae consigo una corona de pequeñas orquídeas amarillas, un leotardo blanco con detalles en encaje que hacen juego con las flores y una falda, corta color turquesa con múltiples capas de tul. Su intención es desencantar aquel bosque con cada uno de sus pasos decididos y justos. Sé que debo apreciar el trabajo de los demás, pero no puedo apartar mis ojos de ella.

Finalmente, despejo mi atención unos minutos y observo a la audiencia que está petrificada. Sin previo aviso, los celos empiezan a hacer de las suyas: ella me pertenece, nadie tiene el derecho a mirarla de la misma forma en que yo lo hago, ninguno otro la conoce mejor que yo, es MÍA, es MI CREACIÓN.

Todo se torna borroso, pero en segundos, la mano de mi hermana está sobre mi hombro, me ayuda a respirar, al parecer tuve una crisis, de nuevo. Me comenta que el vendedor ha llegado y frágilmente veo como se acerca hacia la banca donde estamos sentados. Nos saludamos amablemente y emocionado, él me confiesa su deseo de adquirir a Gwendoline, mi obsesión, mi musa, mi pintura.

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