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Escucho niños, muchos niños aprendiendo, riendo, cantando, gritando, empujando, quejándose, riendo otra vez, sólo escucho niños … ¿Será que el mundo debería de llenarse de niños? frescos, felices, libres, creativos, iluminados … Escucho pasos del vecino, escucho su llegar cansado, la forma en la que cierra la puerta, quizá no llegue a un lugar seguro, quizá no se sienta seguro de llegar ahí, o quizá la vida le haya arrebatado la seguridad. Los niños llegan a casa felices, corren, se comen el mundo de afuera y el de dentro. Dice mi hijo “Mamá, déjame entrar corriendo, tengo muchas cosas que hacer” juega, acomoda, transgrede, descubre… ¿qué perdimos los adultos que no podemos ser libres? Escucho mi reloj biológico, tic, tac, todos los días, escucho mi mente, me amenaza, tic, tac, eres grande, ya no tendrás otro hijo. Escucho a mi jefe con sus grandes expectativas, escucho la comida, escucho los sabores, escucho a la tierra y sus quejas; ya no aguanta más. Escucho poco a los ancianos, ya no quieren hablar; escucho a los perros dicen tanto y tan poco; escucho mi corazón que quiere y no quiere seguir con ese amor, que cada dia encuentra razones para irse y para quedarse por igual; escucho a mi cuerpo cuando está cansado o cuando quiere un recreo … escucho su voz, aún me regaña, me apapacha, me consiente; escucho mi vida, mis planes, mis frustraciones, mi desesperación; ¿cuándo llegará el día que dejemos de escuchar? Creo que el oído lo último que se pierde al morir y, contradictoriamente, es de los primeros órganos que se forman al concebir.

Lo que no escucho es el mar, me urge escucharlo, el agua correr, las montañas, el viento soplar, las llantas correr en un viaje largo esperanzador, renovador. Lo que no escucho es la paz, lo que no escucho es la calma, la sensación de estar y no estar presente. “Cerrar la puerta”, es un ruido que puede implicar muchas emociones, intimidad, despido, censura, amor, agresión, olvido, es un sonido determinante, es contundente como él, sí, o como él no; es un sonido que aparta para bien o para mal, es el sonido de los locos, es el sonido de los inflexibles, de los que no ceden, de los que se enojan; también puede ser el sonido de los cómplices, de los amantes, de los que planean milagros enteros; es un sonido que puede tener cualquier significado pero siempre será contundente e inflexible, no tendrá marcha atrás.

Un pensamiento en “Lo que escucho desde mi ventana por Patricia Grain

  1. Patricia, me gustó tu respuesta a mi reto, te felicito, las ideas expresadas aquí tienen fuerza y transmiten. Hasta pronto y gracias por haber aceptado escribir sobre lo propuesto.

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