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              Laura y él pasaban mucho tiempo juntos mientras ella trabajaba desde casa porque él, la mayor parte del tiempo, también estaba ahí, haciendo las cosas que le gustaban. Así manejaba el celoso su tiempo, ya sea descansando durante horas o tocando sus instrumentos para activarse un poco.

            Laura era colaboradora en una revista para mujeres, específicamente en el área de sociales, por lo que asistía a varios restaurantes, fiestas o resorts para publicar lo mejor de cada lugar. En una ocasión la invitaron a Los Cabos a la inauguración de un hotel-spa. Desde que llegó a la recepción le llamó la atención Andrés, el Host, y el también sintió esa adrenalina sexual con ella. Así que ambos se coquetearon pero no pasó nada en concreto. Ella subió a su habitación pensando en Andrés, pero al mismo tiempo sabía que en casa la esperaba un celoso, e intentando no sentir remordimiento por haberlo dejado allá, sacó la fotografía que llevaba de ambos y la colocó en la mesa de noche.

            A medio día, después de haberse instalado, Laura bajó al Bar de la alberca para disfrutar del día soleado y comenzar el previo de su reportaje. Utilizaba un bikini de lunares amarillo diminuto justo (sin cantar), se colocó en una de las camas de playa y pidió al mesero la carta de bebidas. Justo en ese momento llegó Andrés, que lucía una playera azul rey desabotonada hasta medio pecho, capris de mezclilla y lentes obscuros, y le sugirió que comenzara la tarde bebiendo “El descorazonado” y añadiendo que era así cómo iba a entender el concepto del hotel. Ella sonrió y aceptó, invitándolo a acompañarla mientras él le explicaba sobre el spa. Casi sin darse cuenta pasaron los minutos comentando sobre el lugar, de vez en vez ella le tocaba la mano para hacerse presente y saber si él también sentía esa tensión sexual que había; él comentaba sobre lo bonita que lucía y las piernas tan lindas que tenía. Al cabo de un rato se despidieron sabiendo que coincidirían en el cocktail de inauguración. Al verlo irse no pudo evitar pasar la mano sobre su pecho y entre cerrar los ojos imaginando lo que deseaba.

            Llegando a su habitación, encontró sobre la mesa de recepción una nota de Andrés agradeciéndole la tarde y diciéndole que deseaba que hubiera disfrutado la bebida que era su creación. Laura se arregló y preparada para la fiesta bajó con la idea de ser objetiva en su reportaje, pero comenzaba a sentir ansiedad, calor sexual y cierto cosquilleo en la parte baja, sabía que no estaba enferma, pero tenía inquietud… intentando no hacer caso, estuvo en el cocktail conviviendo y disfrutando, cuando por detrás se le acercó Andrés y le susurró algo al oído pero con su aliento muy cerca de su cuello, le dijo que se veía sexualmente atractiva en ese vestido blanco. Sin sorprenderse, ella volteó y se encontró muy cerca de su boca, respondiendo que quería probar “Al descorazonado”, pero mejor aún, que le mostrara cómo se preparaba. Él, con sus ojos de miel y esa sonrisa de patán que nos encanta a casi todas, la tomó de la mano y la llevó al bar que estaba cerca de una de las piscinas y no tan lejos de la fiesta. La hizo pasar no sin antes advertirle, mirando directamente su boca, que iba a probar todo lo que le diera, tomándola de la cintura y acercándola a su cuerpo para que sintiera que él la estaba deseando, Laura se dejó besar por primera vez pero igual tomó sus manos con fuerza, recargándolo en la puerta y besándole el cuello, sin despegarse de él, restregándose para que el sintiera cada una de las curvas de su cuerpo y su aliento por su cuello. Ambos comenzaron a quitarse la ropa con deseo pero en momentos pausados para ir alterando sus sentidos. Ya completamente desnudos, la colocó sobre la barra del bar sin dejar de besarla, descendiendo sobre su cuerpo hasta llegar entre sus piernas y repetirle que eran hermosas. Sin permitirle contestar el cumplido, la besó, sintió y percibió el aroma de su deseo, se sentía cálido y ella solo se estremecía indicándole que no se detuviera y le ofrecía más y más. Se reincorporaban para tomar aliento cuando ella saltó de la barra y tomando nuevamente sus manos con fuerza, se las colocó sobre su cabello y descendió para también disfrutar de él. Ambos estaban dejando atrás esa tensión; él la levantó despacio y la recostó sobre uno de los camastros fuera del bar, tocando sus cuerpos. Él, incontrolable, pasó la frontera que había disfrutado previamente con su boca; gemían, cambiaban de posición, ella le enterraba las uñas en la espalda cuando su placer era liberado en varias ocasiones, él daba pequeñas mordidas sobre sus hombros, espalda y nalgas mientras ella se estremecía hasta hacer explotar con fuerza un último gemido de placer y orgasmo. Recuperando poco a poco el aliento de la noche, sin mediar palabra se veían a los ojos.

            Al día siguiente Laura bajó a la recepción para hacer su check-out, en donde le dijeron que no había ningún cargo y le entregaron una orquídea con una nota que decía: “A la bebida le puse el nombre “El Descorazonado” en tu honor, porque sabía que a tu partida así me quedaría; vuelve para no cerrar mi bar.”

            Laura llegó a casa a abrazar, besar y mimar a Uli, su celoso gato. Se publicó su nota en la revista, haciendo hincapié en la bebida del host y en lo terrible que era que después de esa noche de presentación, esta no se volviera a preparar nunca en aquel hotel.

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