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Hay amistades que son únicas. Hay amistades que trascienden.

Hay amistades tan particulares que todos hablan de ellas, algunos llenos de interés y otros llenos de envidia.

Esta amistad era así, irrepetible.

Rupert era una hormiga que en su tiempo libre iba al borde del lago a encontrarse con Milly, una elefanta. Si, leyeron bien: Esta amistad era entre una hormiga y una elefanta.

Todo empezó dos años hormiga atrás (toda una vida); aunque si le preguntan a Milly dirá que en realidad habían sido solo un par de meses.

En ese entonces Milly estaba tomando un baño en el río. Era un día muy caluroso. La colonia estaba recogiendo hojas y algunas capuchas vacías de nueces y avellanas. Rupert se encontraba sobre el tronco de un árbol cuando vio a Milly refrescándose. Suspiró. Tenía mucho trabajo por hacer.

De repente Rupert vio un par de ojos amarillos saliendo del agua y acercándose sigilosamente a su gran presa, aunque en realidad Milly era una elefanta pequeña, apenas medía dos metros. Milly estaba distraída, no se había dado cuenta del peligro que la miraba fijamente.

Rupert empezó a gritarle a la elefanta, pero como Milly estaba muy entretenida con el agua, no lo escuchó. Fue entonces que Rupert decidió bajar corriendo del tronco. Movió sus seis patas lo más rápido que pudo hasta llegar a donde estaba Milly, ella seguía sin darse cuenta del cocodrilo que la acechaba desde muy cerca.

Rupert hizo lo posible por llamar su atención, le gritaba, brincaba, señalaba hacia el río; hasta se paró en sus patas traseras para sacudir las otras cuatro enfrente de Milly. Ella por fin volteó la cara al suelo y vio a Rupert. Milly abrió los ojos como platos, el corazón le empezó a palpitar rápidamente, echó las orejas para atrás, levantó su trompa y lanzó un fuerte barrido lleno de temor.   Y es obvio, porque todos sabemos que los elefantes les tienen miedo a las hormigas.

En el mismo instante en que Milly echó a correr, el cocodrilo saltó y falló el ataque por unos pocos centímetros. Una vez en el suelo, miró a Rupert con odio y regresó al río.

La manada de Milly había visto todo, así que cuando llegó junto a su madre, esta le platicó que si no hubiera sido por aquella hormiga, el cocodrilo hubiera atrapado su trompa y nadie de la manada hubiera podido hacer nada.

Milly sintió desde entonces un gran cariño por esa hormiga, de la cual no sabía su nombre. Regresó cerca del río, por donde había sucedido todo. Cuidaba cada paso que daba para no pisar a la hormiga, que, a pesar del susto de muerte que le dio, había salvado su vida. No le importó tanto un escarabajo ni la araña que sí pisó por su camino.

Milly encontró rápidamente a esa hormiga, la verdad es que tenía mucho miedo de hablarle, ¿qué tal si la mordía? O peor aún ¿Qué tal si se le subía? No tenía idea de qué hacer si eso pasaba, de solo pensarlo se le puso chinita la piel. Bueno, en realidad su piel era tan gruesa que no tenía esa sensación. Pero de ser posible, eso habría pasado.

Se armó de valor y se dirigió hacia Rupert, que no la había escuchado acercarse por su precaución al caminar. -Hola -le barritó con voz chillona- Muchas gracias por ayudarme hace unos momentos, disculpa mi reacción.

Después del gran brinco que Rupert pegó por el susto de escuchar a Milly inesperadamente, le respondió –No es nada, es que ese cocodrilo ya ha hecho de las suyas antes. No quería que nada te pasara, te veía muy contenta – Si hubiera podido, Milly se hubiera sonrojado, en lugar de eso solamente sonrío –Soy Milly, espero verte pronto otra vez. –Y yo soy Rupert, mi colonia vive a veinte minutos de aquí –le contestó –Ah, ya la veo -dijo Milly -, yo llego en dos pasos, ¿te llevo?

Desde entonces Rupert y Milly se volvieron grandes amigos. Su amistad era tan grande como Milly y tan fuerte como Rupert. Sí, Rupert podía levantar cuarenta veces su peso.

Había veces que Milly iba al hormiguero y batía las orejas para refrescar a las hormigas. Y en ocasiones Rupert ayudaba a Milly a asustar a otros elefantes. Morían de risa cada vez que lo lograban.

Un día Milly no llegó a la cita, y el siguiente tampoco. Rupert, sorprendido, empezó a buscar a la manada. No había ningún elefante a la vista, y no es que sea precisamente difícil ver a un elefante. Rupert empezaba a preocuparse, no era aún época de migración.

Rupert la esperó, inclusive perdió su turno matutino de trabajo, no le importó. Casi al llegar el mediodía, vio llegar a un elefante, pero no era Milly, era su primo Wallace. Rupert se le puso en el camino y al verlo, Wallace apenas pudo frenar su carrera; estaba a punto de correr despavorido pero alcanzó a reconocer a Rupert.

Wallace le contó que no encontraban a Milly desde que había visto a Rupert el día anterior (para Rupert habían pasado como dos meses hormiga) todos estaban muy preocupados. –No te preocupes Wallace – comentó Rupert – La vamos a encontrar.

Rupert llegó al hormiguero rápidamente gracias a Wallace. Les contó a todos lo que había pasado y en un instante todas las hormigas estaban listas para salir en búsqueda de Milly, sabían que debían buscar donde los elefantes no la hubieran podido ver: en un lugar con una maleza alta y densa.

Tardaron un mes hormiga en encontrarla. La encontraron acostada entre la maleza con una herida en el costado. Al parecer había sido atacada por un león o un tigre y por alguna razón solo la habían herido, no se la habían comido.

Rupert corrió a los ojos de la elefanta – ¡Milly! ¡Milly! ¿Estás bien? – Preguntó Rupert con desesperación– Milly abrió lentamente los ojos –Hola Rupert, me siento cansada, pude darle una patada al león que me atacó. No ha vuelto. Solo pude llegar aquí para cubrirme del sol.

-Tu manada no te podía encontrar por ningún lado, están muy preocupados –Le dijo Rupert con desesperación.

-¡Ya sé!- Gritó Rupert, -vamos a sacarte de aquí hasta el claro que está al borde de la selva.

Fue entonces cuando Rupert mandó llamar a toda la colonia y a las colonias vecinas que también habían disfrutado del aire que las orejas de Milly les ofrecía en días calurosos.

Una vez reunidas y habiendo escuchado el plan de Rupert, se pusieron manos a la obra: Las hormigas empezaron a rodear a Milly – ¡Uuuna! ¡Dooos! ¡Tres! – contaron al unísono y levantaron un poco de pedazo de piel de Milly, permitiendo al mismo tiempo que otra línea de hormigas pasara delante de la primera y repitieran el proceso.

Así siguieron línea tras línea, hasta que lograron levantar a Milly unos milímetros del suelo. Ante una nueva instrucción de Rupert, las hormigas tenían que levantarse en sus patas traseras y levantar aún más a Milly – ¿Listos? – Gritó Rupert – ¡Ahora!

Fue en ese mismo momento que Milly no solo se levantó un centímetro del suelo, sino que siguió su camino en vertical. – ¡Noooo! – Gritó Rupert – la empujamos con tanta fuerza que la aventamos, ¿Qué le voy a decir a su familia?

Milly seguía su ascenso hasta que las hormigas la perdieron de vista. Por supuesto que nunca vieron la grúa de los guardabosques que fueron quienes se llevaron a Milly para curarla.

Rupert y las hormigas confundidas iniciaron su marcha de regreso al hormiguero, en el camino todos hablaban de cómo habían aventado tan fuerte al elefante. Ok, era elefanta pero no todas las hormigas lo sabían.

Rupert era el único que regresó triste. Lleno de sentimientos encontrados. -¿Qué le voy a decir a su familia?-, se repetía

Medio año hormiga después, estaban todas las hormigas protegiéndose del sol quemante, todas descansando dentro del hormiguero. De repente empezaron a sentir una suave brisa. Una brisa conocida. Rupert inmediatamente supo de qué se trataba, corrió tan rápido como pudo y al salir del hormiguero la vio. Era Milly. Se abalanzó sobre ella, le dio un gran abrazo, bueno, solo se subió un poco a una de sus patas, bueno, a una de sus uñas.

Milly había regresado y estaba curada. La manada de elefantes se colocó alrededor del hormiguero y al unísono empezaron a barritar de gusto, Milly les había contado lo que habían hecho las hormigas por ella.

Rupert y Milly retomaron su amistad, la cual se hizo más fuerte, tan fuerte como la fuerza de todas las hormigas juntas en el día que será recordado como el día en que las hormigas cargaron al elefante.

Sí, era elefanta, pero eso, eso no es lo importante…

Un pensamiento en “Rupert y Milly o De Cuando las Hormigas Cargaron al Elefante por Héctor Villalvazo

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