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treeEl calor consume mi piel y aún faltan unos cuantos minutos para llegar a verte…

¿Cuánto tiempo ha pasado? No lo sé, pero sin duda puedo asegurar que tu mirada me hará olvidar el tiempo que he pasado sin tus besos…

Sigo caminando arreglando el cabello húmedo que alborota el viento… me decido a desabrochar el primer botón del vestido que se adhiere a mi cuerpo por haber estado en el mar… no… también desabrocharé el segundo y así dejar ver sutilmente el escote que te provoca… sonrío al imaginar tu sonrisa torcida y nerviosa.

Ahí está el montículo lleno de aquellos árboles que tanto me han abrazado desde mis sueños, sangre de dragón les han llamado desde hace cientos de años ya que tienen una resina tan roja como la sangre y son tan grandes que hay cientos de leyendas sobre ellos, y hoy escribiremos una leyenda más cuando consumemos nuestras ganas bajo su sombra… Aunque los dragones suelen ser celosos…

Aquí estoy y aún no has llegado, no sé si te hechizaste al pasar por el camino de aquellos arbolitos en forma de botella con flores tan aromáticas que vuelcan la conciencia de cualquiera, como dicen los aldeanos de la isla, o simplemente te aterra saber cuánto amo tu ser, no lo sé, tal vez…

Y yo sigo esperando, bajo la sombra de este nuestro dragón y mi mente empieza a jugarme grandes bromas, al grado que le he dicho a un extraño pájaro que pasó volando con grandes ojos amarillos que fuese a buscarte, que te trajera a mí antes del anochecer… y no… tu olor, tu piel, tu voz no están presentes…

Y bajo la sombra del dragón mis manos empiezan a jugar a ser tú… en mi mente empiezo a escuchar tus gemidos mientras besas mi cuello y poco a poco de nuevo recorro mis muslos con mis dedos y con la firme certeza de que son tus manos las que hacen el trabajo… mi sexo… tan húmedo, tan caliente, tan tuyo, tan… tuyo… recorres una y otra vez mis pechos y puedo sentir como muerdes los pezones… la puesta de sol me hace abrir los ojos y darme cuenta que por un segundo llegué a tenerte, llegué a olerte, llegué a ganarle al dragón… por un segundo fui de nuevo la vencedora de este juego interminable… fui tuya, fuiste mío y el dragón quedó vencido.

Camino de regreso, bajando el montículo y mirando fijamente al mar sin dejar de escuchar tu respiración en mi mente, y aquí frente a las olas, empiezo a contar el patrón que una a una van formando, sé que la novena ola le pertenece a la diosa Cliodna y por eso siempre suele ser la más fuerte y la más alta de todas, ahora yo en esta isla de Socotra cuyo significado es “felicidad” me dejo llevar de nuevo dentro del mar sabiendo que he vuelto a dejar bajo el dragón mi aroma, por si algún día me vuelves a buscar…

 

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