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Perderse es la mejor manera de conocer Bahía” me dijo Jorge el día que decidí juntar alma y cuerpo en el mismo sitio al que sus palabras me habían llevado tantas veces. El mismo que las cadencias de Caetano me habían descrito. El lugar donde florece el alama multi cultural y polifónica del Brasil : San Salvador de Bahía.

Para mí este viaje es también el encuentro con el centro de una patria rítmica que se extiende a lo largo de la costa del Atlántico, del Candombé al Blues y el Jazz. Una nación sonora de corazón africano sin otra bandera que la piel estremecida del tambor, sin otro mástil que la madera templada de las guitarras.

Cuna de cantores, las calles de Bahía también pueden recorrerse escuchando las canciones que cuentan sus días y cantan sus amores y ternuras. He venido a sentir lo que cantando ya he soñado.

Por fortuna mis maletas nunca llegaron, así que he podido recorrer Bahía lo mismo en busca de alimento, techo o vestido, y en ese recorrido de bazares y mercados casi he logrado ser más que un turista. Regresaré en zapatos nuevos, con una pequeña colección de percusiones y algunas misteriosas pócimas que curan males de amor y protegen de las malas intenciones. “Estás triste pero no eres triste, para tu mal toma esto” me dijo Alma al darme el frasco.

La Cidade Alta , centro histórico de San Salvador, me ha provocado la sensación ambivalente con que miro estas zonas de modernidad que proliferan en tantos lugares en el mundo. Como si avanzar fuera una palabra de cristal y concreto.

El resto de Bahía tiene aún ese aire gastado y hermoso de un libro que se ha leído muchas veces, que ha viajado con nosotros y se ha mojado de lágrimas y vino. Con esa cualidad de los rostros que envejecen bajo el sol y de las voces destempladas por el tabaco y el aguardiente. Con cierta tristeza que Caetano Veloso describía así : “Aquí todo parece estar en construcción y, aún así, ya es ruina”

La excepción son sus iglesias, islas en el tiempo. Regresaré con el barroco en los ojos, la gozosa proliferación, maximalismo a tope, glorificación de la abundancia y el más alegre despilfarro. Las iglesias de Bahía, decía Jorge Amado, están preñadas de oro

“Cerca de la iglesia de Nossa Senhora dos Pretos hay una escuela de capoeira. En la parte alta de esta plaza inclinada está la casa museo de Jorge Amado, y basta con sentarse en los escalones de la entrada para ver desfilar delante de uno a casi toda la ciudad, allí irá Reis por nosotros. Hasta entonces ¡Falso baiano! ” firma Aldo con su caligrafía irregular pero graciosa, como las calles de la ciudad que eligió como hogar.

Aldo es italiano, llevado a Bahía por el amor a la música con igual fuerza que la música del amor. Reis es , a la vez, su sirena y su musa. Desde que nos conocimos en México nos llamamos así : “Falsos Baianos” y así estamos, imperceptibles, sentados en la escalera y tarareando:

“A falsa baiana quando entra no samba

Ninguém se incomoda

Ninguém bate palma

Ninguém abre a roda

Ninguém grita “Oba!,

Salve a Bahia, Senhor”

“¿Qué cosa no olvidarás de estos días amigo mío?“ pregunta Aldo.

“Los ojos. Los viajes que no olvidamos se dan entre las miradas” le contesto.

Como gente que nace y crece mirando el mar, los baianos tienen la mirada iluminada y profunda. Igual de luminosa cuando amanece que al atardecer, cambiante en sus colores pero siempre extensa y llena de horizonte. Una vez que uno escapa de la seducción de la sonrisa, que lo abarca todo en una primera impresión, puede perderse en sus ojos y tras de ellos sentir la honda espiritualidad que late en Bahía. Misteriosa, obscura y sonora como el nombre del orixá Exu.

Llega Reis, tan bella como su voz. Junto con Aldo le ha dado la vuelta al mundo más de una vez y ahora coincidimos por fin en su tierra. Es el día que más he esperado desde que llegué aquí pues, por la noche, nos reuniremos con sus amigos, cantores y músicos. Es mi última noche en Bahía y presiento que desearé que fuera la primera del resto de mis días.

“Vamos a reír y cantar” dice Reis, baiana verdadera que cuando camina baila, y agrega : “No se precisa olvidar para ser feliz.”

Las ciudades que habitan nuestra imaginación son embajadas de las reales. Así, olvidamos también que los recuerdos reflejan muy pálidamente a la vida. Ni la tristeza o la alegría son absolutas. Hoy mi corazón, como la alegría baiana está entretejida por muchos matices y claroscuros. Tal vez he venido aquí para entender lo que significa la Saudade, esa intraducible mezcla de añoranza y dulce melancolía con que el portugués define lo mismo el triste recuerdo de un momento alegre, que el suspiro aún enamorado en el instante del adiós.

Saudade, el amanecer y la inminente despedida.

Uno se va de Bahía, pero Bahía no se va de uno. Está ahora en mi, como una presencia rítmica que cambia el latido del corazón, el pulso de la vida. Esperé muchos años para encontrarle lugar y nombre a un dolor que creía infinito y no es ya el mismo. Gracias Jorge Amado, Caetano, Gilberto, Pereira, Reis y tantos otros por poner este lugar en el mapa de mis deseos. Canto y río y me pienso con Aly Barroso: “Oh Bahía, Bahia que não me sai do pensamento…”

 

Un pensamiento en “Na Baixa do Sapateiro Por Alex Rubio

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