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Llegué puntual a la cita. El ama de llaves me hizo pasar a un salón de tapices clásicos y lleno de flores blancas. Antoine se presentó unos minutos después, impecable y aunque lucía cansado, tenía una enorme sonrisa iluminando su rostro.

¿Te gustan los aviones?

(Risas) ¿Me lo preguntas por el “El Principito” o por mi profesión? Seguramente habrá más de una persona que lo asuma, pero nadie que lo hubiera preguntado jamás. Me aterran los aviones, o al menos eso era lo que me sucedía cuando era muy pequeño y no podía entenderlo. Esa es la razón por la que la avioneta está averiada y sucede toda la historia en El Principito. Lo superé hace muchos años y hoy podría hacer un viaje de París a Nueva York si fuera necesario. ¡Claro que me gustan los aviones! Más aún, admiro a los pilotos, por eso soy uno. Mi primera novela es sobre un aviador, y ellos aparecen con frecuencia en mis historias. Cuando tomas el mando de un avión, llevas en tus manos las vidas de muchas personas.

¿Comes cordero?

¡Por supuesto! Mi abuela lo preparaba con patatas y zanahorias. Ya sé que de nuevo estás jugando con los personajes de El Principito, pero debo decirte que me parecen animales muy nobles, por ello les gustan tanto a los niños. Sólo para que los corderos se vean como los imaginamos, también se necesita mucha disciplina; hay que mantenerlos limpios si no quieres que parezcan trapos de piso. Los corderos, como muchos otros animales, son encantadores cuando están pequeños, pero el reto es seguirlos queriendo después que han crecido y más aún, cuando son ancianos que necesitan cuidados especiales.

Si pudieras tener tu propio planeta, ¿cómo lo organizarías?

No quiero otro planeta, quiero éste, en el que vivimos tú y yo, y muchos otros millones de personas. El reto que tenemos es lograr que este planeta funcione de manera organizada: haciendo que cada persona reciba lo justo por su esfuerzo y su trabajo, haciendo que nadie pase hambre, erradicando las enfermedades… Pero eso no se logra por arte de magia, ni escribiendo cinco mil páginas con un tintero, eso se logra creando un sentido de comunidad. ¿Recuerdas al Rey? Era un rey de la nada, de nadie mas que de él mismo, creyendo que podía decidir por encima de otros, pero para que eso suceda, deben existir otros, y si esos no existen, no puedes gobernarlos. Así nos pasa en las sociedades: Estamos absortos creyendo que debemos tomar control sobre otros sin darnos cuenta que el orden llega por sí solo cuando entendemos que nadie es más importante que el otro. Nos debemos los unos a los otros, y eso parece ser algo de lo que sólo te das cuenta cuando estás en peligro de morir.

Antoine guarda silencio, mirando hacia el fondo de la habitación. En el muro cuelga una fotografía de dos hombres, uno de ellos es él. No me atrevo a preguntarle, pero después me entero que el otro hombre en la fotografía es André Pevot, con quien estuvo a punto de morir en el Sahara.

¿Qué te inspira a escribir?

Mi vida. La vida de otras personas y cómo se entrecruzan nuestras historias. Es mentira que puedas escribir historias ficticias; siempre incluyes cosas que te han sucedido o que te han contado. Las transformas, que es distinto. Nuestros pensamientos están basados en el mundo que conocemos y todas las formas posibles de combinar ese conocimiento. ¿No te extraña que cuando alguien habla de seres extraterrestres se trata de “personitas verdes y muy largas”? Eso a mí me hace pensar en una persona que pasó su vida entera comiendo espinacas, o un espárrago gigante, o alguna cosa así.

Escribir podría parecer una tarea complicada, pero sólo necesitas sentarte en un café a mirar el mundo y estar dispuesto a crear historias. Ahora mismo tú estás creando una historia sobre mi, y tan pronto te marches, empezaré a imaginarte en mis historias.

Así como el zorro…

No. El zorro es distinto. El zorro es una conciencia moral. Cuando pensé en él imaginé muchas cosas, sin dejar de pensar que la nobleza es una cualidad intrínseca de las personas, pero nuestras vivencias pueden hacer que prefiramos dejarla en un cajón, o que la pongamos en práctica todos los días. Por eso es tan importante en la historia. Somos buenos o malos según las circunstancias en las que nos encontremos. ¿Es malo el juez que dicta sentencia de prisión a un criminal? ¿Es bueno el abogado que lo defiende? ¿Y qué hay del jurado? ¿Qué hay del propio criminal cuando estaba al cuidado de su familia?

¿Qué sigue?

No estoy seguro. Se que nuestras vidas pueden cambiar de un momento a otro y prefiero no pensar demasiado en el futuro. Sólo tenemos el presente, ese instante que llega y se va en un abrir y cerrar de ojos. Para cuando piensas en él, ya se ha vuelto pasado, cuando lo esperas, aún es futuro.

 

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