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Sin título

Desde el día en que logré contactar a Quino, no he podido conciliar el sueño. Noche tras noche repaso las preguntas que le haré y cambio una y otra vez el formato.

¿Y quién es Quino?, se preguntarán. Quino, seudónimo utilizado por Joaquín Salvador Lavado Tejón, humorista gráfico e historietista hispano-argentino, es nada más, ni nada menos que el creador de Mafalda.

¿Y quién es Mafalda? Es el personaje más simpático, irreverente, diminuto, genial y gracioso, representado por una desenfadada chiquilla de pelo hirsuto con un gran moño, y que crea dentro de su universo infantil un mundo lleno de razonamientos que deja perplejos a los adultos.

Son las ocho de la mañana del día cero, un cálido día de verano, el día en el que realizaré la entrevista con Quino.

La noche anterior la pasé con ojos de búho, como diría mi amiga Mariela. Por la mañana me levanté a tropiezos y caminé hacia el baño omo zombie. Aún no logro tranquilizarme. Una ducha, me visto y apenas desayuno. Tomé mi “acordeón” con las preguntas que realizaré a Quino, y subí al auto con rumbo al Bosque de Chapultepec, a la Fuente de las Ninfas, ubicada cerca del Lago Menor. Sí, ¡la entrevista será en el mismísimo Bosque de Chapultepec! ¿lo pueden creer?

El odioso tráfico del Periférico, las nuevas salidas del segundo piso, que son muy confusas y que me han llevado por todos los caminos, menos por los que quiero transitar, ahora me conducen hacia mi esperado destino. Claro está que repasé el camino como veinte veces la semana pasada, para no errarlo el día cero.

Finalmente logré llegar al circuito que rodea la Fuente de las Ninfas y con nerviosismo logré ubicarla. Aún no era la hora de nuestra cita, intenté llegar con anticipación y evitar contratiempos que me retrasaran en mi tan ansiado encuentro.

Dediqué unos minutos a contemplar esa hermosa fuente colocada en el año de 1964, con dos figuras femeninas muy estilizadas, obra del escultor Francisco Zúñiga. (Realicé una exhaustiva investigación sobre dicha fuente, para no enmudecer en caso de que Quino me preguntara acerca de ella).

Al parecer Quino también había decidido llegar anticipadamente y me tomó por sorpresa su presencia.

“¿Patricia, si no me equivoco?”

Imposible describir mi cara de sorpresa. Al cabo de unos segundos pude contestar con otra frase fuera de lugar ¿Sr. Quino?

Al notar mí nerviosismo, Quino me tomó delicadamente del brazo y me invitó a sentarme en una típica banca del Bosque de Chapultepec para conversar.

Recordando que Quino me pidió una entrevista corta, ya que alguien llegaría a buscarle, tomé inmediatamente mi block, y con un aire de suficiencia, bastante fuera de lugar, me dispuse a formular mis preguntas:

-“Dígame Sr. Quino, ¿cómo y cuándo surgió su personaje de Mafalda?

– Quino respondió pausadamente y con claridad: “Fue por casualidad en septiembre del año de 1964 que surgió la caricatura de Mafalda, cuando intentaba realizar un comercial para una empresa de electrodomésticos”.

-¿Por qué una niña?

-“En aquél tiempo, tuve la oportunidad de ver una película en donde aparecía una

niña con ese nombre, y me dio la idea para mi personaje”.

-“¿Es una caricatura moralista?

-No, en realidad, sólo pretendía representar la rebeldía de una niña hacia los

adultos y sus incongruencias”.

-¿Considera Usted ésta historieta como un legado a la humanidad?

-“No lo sé, sólo intentaba dar un toque de frescura al mundo infantil de Mafalda,

con respecto al mundo rígido de los adultos”.

-¿Cree Usted que Mafalda volverá a aparecer?

“Aquí viene la persona más indicada para contestarle”- respondió Quino.

Mi sorpresa fue descomunal al ver descender de un automóvil a la mismísima Mafalda.

“Hola”- me dijo.

Aún pasmada por el encuentro, acerqué mi brazo y nuestras manos chocaron.

“Responderé a tú pregunta”- dijo Mafalda. “Ya no volveré más, mi cometido ha sido cumplido y creo que Quino y yo hemos terminado nuestro trabajo ¿no es así mi querido amigo?”

Quino se limitó a sonreír y después de unos minutos de charla, se despidieron y abordaron el auto. Abriendo la ventanilla, Mafalda se asomó dejando ver su

hirsuto cabello con un enorme moño y sacando su regordeta manita, se despidió de mí, regalándome un hermoso guiño.

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