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Me dejó. Dijo que no era posible continuar, que la distancia era un obstáculo gigante, que no tenía ganas, ni dinero, ni tiempo. Me dejó y con él se fue una parte de mí que nunca vi regresar. Me quedé por muchos años incompleta, ausente.

El día que se le agotó el amor comencé a beber desde muy temprano. Había una botella de whisky entre los libreros y me apuré a encontrar el fondo. Comencé a llorar a raudales, el teléfono vibraba cada diez segundos y en mi cabeza sonaba la misma canción de mierda que alguna vez me cantó aquel miserable.

Strangers in the night, two lonely people

We were strangers in the night…

 

No sé si los vecinos llegaron a escuchar aquel estruendo que cimbró al mundo esa noche en que se me rompió el corazón. Finalmente, después de muchos tarareos y lágrimas inagotables, conocí el fondo de la botella. El encierro nunca me hizo bien, a menos que estuviera a su lado. A su lado, todo era pertenencia, un éxtasis infinito y un mundo del que se enamoraría cualquiera. Y esa cualquiera fui yo, nada especial, nada nuevo. De haberlo sido, tal vez se hubiera quedado, tal vez estaría de vuelta, así que decidí salir de mi departamento e ir a comprar un par de cervezas, por lo que tomé mi monedero y un par de sandalias rosas que se encontraban junto a la puerta de la entrada.

Fue así, como entre tambaleos y murmuraciones, caminé por las oscuras calles de esta ciudad desierta. A las tres de la mañana, no queda más aquí; solo un par de locos y un grupo de prostitutas que se aglomeran a la vueltecita del teatro que está a un par de cuadras. La cabeza me daba vueltas y el estómago pedía desesperadamente un rinconcito para desechar parte de lo que contenía la botella, cuyo fondo ya me era familiar.

Me adentré a un callejoncito que se asomaba, justo a la vuelta del expendio de licores. Vomité las entrañas y una retahíla de profanaciones en contra de los hombres y el amor bueno. De repente, algo en el callejón, detrás de los contenedores de basura, se movió. Lo hizo. De manera muy suave y discreta.

Strangers in the night, two lonely people…

Cantaba aquella voz.

–          ¿Quién eres?  – Pregunté.

It was a very good year…

–          ¿Buen año? ¡Año de mierda! ¡Ya terminó y aún sigo llorando! ¿Quién eres?

Y la sombra comenzaba a entonar con más fuerza.

Each place I go only the lonely go

Some little small cafe

The songs I know only the lonely know

Each melody recalls a love that used to be…

 

–          ¿Tan mal me veo? ¿Qué quieres que haga? Cada que regreso a casa y veo sus cosas, cada que veo su foto, o trato de imaginar que ya no existe, me deshago. Me vuelvo tan frágil sin él, siento que algo en mí se colapsa y ya no puedo…ya no puedo. ¿También te rompieron? ¿Quieres un trago? Podemos irnos juntos y charlar un poco más. Estoy sola y en estos días nadie tiene tiempo.

Y la voz cantaba, melodiosa y con cadencia…

 

Strangers in the night, two lonely people
We were strangers in the night
Up to the moment when we said our first hello, little did we know…

-Extraños. Sí, lo extraño. Tanto que el mundo se ha tornado gris. Todo es diferente ahora, lo extraño y cada día reinvento una manera para dejar de hacerlo y de repente me llueven los recuerdos, uno  a uno, poco a poco y se me nublan los ojos de nuevo. Lo extraño tanto. Lo extraño tanto que cuando se va, platico con el Frank Sinatra que se esconde detrás de un bote de basura de una licorería,  en la esquina de las putas que trabajan por las madrugadas en esta ciudad desierta.

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