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No sé si llamarte querido, odiado o  algún otro calificativo tan contradictorio pero cierto.

Fuiste tormentoso, cambiante; con tantas subidas como bajadas. Me diste algunos de los peores momentos de mi vida, pero te luciste con uno de los mejores.

Empezaste rompiendo algo que a pesar de su fragilidad, se veía como algo que ya fuera por temor, por costumbre o por necedad; difícilmente cedería a las fuerzas que provocaban lentamente el desenlace que finalmente tuvo.

Seguiste con un cambio que, si bien necesario, no por eso fue menos doloroso tanto física como emocionalmente.

Me dijiste que todo estaría bien. Que seguiría rápidamente con mi vida. Sin embargo, la decadencia emocional lentamente flotaba a mí alrededor, envolviéndome en su manto de frustración con su suave tacto de desesperación y poniéndome al borde de la depresión.

Tengo que reconocer que mientras eso pasaba, pusiste en mi camino algo de dónde agarrarme para no caer completamente. Algo que me mantuvo a flote y que me permitió volver a alzar la vista. Sin embargo, tuve que soltarlo para volver a andar por mí mismo, para retomar el camino.

Pasó lo que tuvo que pasar y eso es algo que puedo afirmar al voltear hacia atrás. Pero en el momento fue algo que espero no suceda nuevamente.

Busqué ayuda para olvidarte o más bien, para soportarte. Afortunadamente, así como hiciste que me rompiera, hiciste que volviera a juntar las partes y a ponerlas en su lugar.

Y cuando parecía que todo terminaría solamente “bien”, a secas, de la nada hiciste que cualquier expectativa fuera superada y me premiaste por sobrevivirte (no sin quejarme, claro está).

El que ha llegado después de ti ha mantenido esa sorpresa de la mejor forma. Pinta para tener más tacto en su trato y veo que solamente puede mejorar.

Es por eso que no te guardo rencor. Menos aún si tomamos en cuenta que lo que hiciste no fue sin consultarme, sin presentarme las opciones y para así poder tomar el camino que parecía más adecuado. 

Te escribo sentado, viendo el sol caer, seguro de que hiciste lo mejor que pudiste y agradecido por los resultados que ahora logro ver.

No sé si llamarte querido u odiado. No sé si recordarte con enojo o alegría. No sé si al hablar de ti lo haga con desprecio o con orgullo. Tengo motivos para hacerlo de ambas formas y tengo motivos para no hacerlo de ninguna.

Quizá lo mejor sea recordarte objetivamente, tal como fue: El inicio de una nueva vida.

Gracias 2015.

Créeme que serás recordado.

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