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Hola,

Todavía no sé bien a bien cuál es la forma correcta de hacer esto. No sé si debo reclamarte, enumerar los hechos o generalizar. No sé si después de esto quedará algo, la rebaba, alguna especie de sedimento que se aferra a no irse.

Han sido muchos años y muchas las ocasiones en que tus miedos me detuvieron o me hicieron apresurar el paso sin control. Y en ambos casos sólo me llevaron a no lograr el objetivo, a perder lo amado, a tener en mis manos algo que no quería y con lo que después no supe que hacer.

Otras veces tu dolor fue tan intenso. No sé si era un dolor solito o se había hecho tan grande de tantos pequeños dolores acumulados y queriendo salir por donde fuera sin control, a lo bruto, ante tu negación a aceptarlos por completo, en su total inmensidad, en su momento.

Y entre los dos llegaron a nulificar tu amor, a esconderlo, a mantenerlo en una franja gris donde quizá nadie se diera cuenta de su tamaño y de esa forma no pudieran usarlo en tu contra.

Y así, casi a escondidas, como por accidente, me fuiste haciendo daño. Unas veces más, otras menos.

Y en lugar de ir limpiando, de ir desintoxicándome y aclararte punto por punto, fue permitiendo que se acumularan, que fueran llenando cada espacio vacío. Y me fueron nublando. Y me fueron apagando. Y me fueron haciendo cicatrices que no terminaban de cerrar y seguían supurando, poquito, tan poquito que ni cuenta me daba.

Hoy puedo entender, o al menos creo entender, qué te llevó a todo eso. Dónde nacieron tus miedos y dolores. Porqué tuviste que guardarlos, acumularlos sin darte cuenta, hasta que explotó la olla de presión. Quiero pensar que ya explotó. Quiero pensar que ya no queda por ahí escondido algún pedacito casi invisible que irá creciendo más adelante hasta yo no poder ser contenido, como pasó no hace mucho.

Me has hecho mucho daño, has ido corroyendo puntos difíciles de sanar. Pero creo que estoy a tiempo, Creo que empiezo a recuperarme. Poco a poco. Día a día.

Y de todo corazón deseo que no vuelvas a hacerlo, porque no quiero que llegue el momento en que no me quede perdón y no pueda recuperarte.

Te perdono, de corazón, por completo, por todo el daño que me hayas hecho, por todo el daño que pueda haber provocado como consecuencia.

Te perdono, nos perdono.  Con un perdón amoroso, como son los perdones más profundos.

Hago las paces y te abrazo, te beso, te apapacho.  Y así volvemos a ser una.

Y siento tibio en el corazón, sabroso.

 

Cynthia

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