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Mi pasión por Irlanda data de mucho tiempo atrás, cuando presencié por primera vez el Desfile de San Patricio en Nueva York, después de haber asistido al magnífico espectáculo de baile irlandés, “Lord of the Dance”, al inicio de mis clases de baile irlandés. Todo esto lo creí casual, pero el tiempo me fue mostrando, que nada lo es y nació en mí, un gran deseo de escribir cuentos e historias irlandesas.

Creo que todo inició cuando escuchaba la música irlandesa en mis clases de baile, ésta me transportaba a hermosos lugares, llenos de verdes praderas y melancólicos paisajes. Aun sin conocer Irlanda pero ávida investigadora de todo lo relacionado con ella: castillos, montañas, bosques y leyendas, me hicieron sentir parte de ese mundo. Curiosamente había un bosque que llamaba mucho mi atención, el Bosque de Wicklow, con su antiguo cementerio en Glendalough, sus dos lagos y el Valle Greencree que rodea al río.

Cautivada siempre por todo lo relacionado con Irlanda, disfrutaba mágicamente mis clases de baile irlandés. La primera presentación en el teatro, me provocó gran sorpresa, ya que cada vez que salía al escenario, me parecía ver pequeñas luces que guiaban mis pasos al bailar. Siempre lo atribuí a la desbordada imaginación que poseo y desde luego, a los efectos de las luces en el escenario, por lo que le resté importancia.

Una noche, empezaban a hacer efecto los brazos de Morfeo, cuando en la obscuridad observé esas extrañas luces, que sólo había visto en el teatro. Me incorporé, la curiosidad y un impulso involuntario, me llevaron a la pequeña bodega en donde guardo todos mis libros, cuentos y zapatos de baile. Me introduje en ella y un viento frío, no tan desagradable, me envolvió y transportó en sólo unos segundos a un cementerio que inmediatamente reconocí, el Cementerio de Glendalough en el Bosque Wicklow. El aproximarme a lo más parecido a un hogar, me invadía y llenaba de emoción y nerviosismo. La sensación que aquellas pequeñas luces me causaban eran de: nostalgia, pertenencia, no lo sé, en ese momento no me sentía capaz de describirlo.

Una voz casi imperceptible, me aconsejaba avanzar hacia donde ardía una gran fogata. En tan sólo unos segundos, un desconcertante y extraño ruido, me hizo apartar con temor y gran rapidez, para dar paso a una horda de hombres de estatura descomunal, largas barbas y burda apariencia, que vociferaban y se empujaban, apresurándose hacia la fogata. Temerosa, traté de ocultarme pero esa voz que me acompañaba, se tornó en un diminuto hombrecillo de pelo y barba rojizos, que llevaba un simpático sombrero rematado con un trébol y con un atuendo que me recordaba a los duendes. La diferencia entre aquellos hombres y el duende, era contrastante. Con temor a ser vista, me orillé y escondí tras un frondoso y enorme cedro, típico árbol irlandés que representa la abundancia. Mi acompañante me detuvo y me explicó que yo podía verlos, pero ellos a mí no, lo cual me tranquilizó enormemente. Agobiada por la escena y con la necesidad de saber qué hacía yo en ese lugar y quién era mi extraño acompañante, le pregunté:

-¿Quién eres y qué hacemos aquí? Y mostrando su peculiar y simpática dentadura me contestó:

-Soy Eason, tu protector y estás aquí para presenciar una de las más espectaculares batallas.

-¿Protector? ¿Protector de qué?

-¿Recuerdas esas luces en el teatro, mientras bailabas? Era yo, acompañándote en tus danzas, en tus sueños y cuando escribes tus cuentos, pero sobretodo, cuando sientes la nostalgia de estos lugares.

No podía dar crédito a la simple idea de transportarme a mi mundo ideal, al lugar de mis sueños y fantasías, a mi anhelada Irlanda. Sin embargo, no hubo tiempo para esperar más respuestas, en solo segundos, una multitud compuesta por hombres y mujeres, a quien yo insistía en esquivar, se plantaron frente a la fogata y uno de ellos, supuse el líder, clamó con voz fuerte y  ensordecedora:

-No permitiremos que los romanos nos conquisten. Lucharemos a muerte contra ellos.

Yo no entendía muy bien lo que sucedía, pero recordé las historias en las que los irlandeses y romanos se enfrentaban y supuse ésta sería una de esas batallas.

Los guerreros celtas llevaban todo el cuerpo pintado de azul con ostentosas gargantillas. Portaban orgullosos sus espadas, lanzas y hondas y golpeaban sus escudos de bronce, creando una atmósfera de tensión y ambiente bélico.

Los Duidras, jerarcas guerreros, estaban por iniciar una ceremonia para pedir a los dioses la victoria y preparaban lo que parecía un sacrificio. Los celtas gustaban de ofrecer sacrificios humanos, ya que creían que los dioses los valoraban más que cualquier otro. El ruido era ensordecedor.

En una apartada esquina, pude percibir a una pareja, una hermosa joven con un alto y rubio caballero, que parecían ausentes a tanta estridencia y tomados de las manos, parecían discutir.

-¿Quiénes son ellos? Pregunté a Eason.

-Son Shaylee y Darrick y pertenecen a dos tribus celtas de Wicklow. Están muy enamorados, pero el padre de ella la ha ofrecido en sacrificio para el éxito de la batalla y Darrick trata de convencerla de escapar y no permitir que su padre la sacrifique. Me contestó Eason.

-Te he traído aquí, para que cambies el curso de la historia, tendrás que escribir rápidamente un cambio en ella y que permita a Shaylee y Darrick escapar de la muerte.

Yo no podía dar crédito a lo que Eason me proponía. No estaba preparada para escribir allí mismo, siempre lo hacía en un ambiente tranquilo, inspirador y ahora me pedía lo hiciera, así de repente. Pero no había tiempo, rápidamente Eason sacó de su llamativo chaleco a cuadros, unas hojas y un lápiz y me pidió iniciara rápidamente mi cuento, antes de que fuera demasiado tarde.

El temor, me situó casi entre sueños, en el Cementerio de Glendalough en el Bosque Wicklow, cuyas torres y cruces representan un símbolo del culto y la protección en las civilizaciones celtas, la evolución y el continuo aprendizaje. El tiempo apremiaba y tenía que escribir algo que salvara a Shaylee y Darrick, de un futuro mortal.

No sé cuánto tiempo permanecí allí, extasiada del lugar y sus ancestrales construcciones. Recuerdo que un fuerte viento, me trasladó a un hermoso bosque, con una variada y colorida vegetación, con enormes árboles de cedro y manzano. De pronto, alcancé a vislumbrar un camino que parecía hecho de piedras transparentes, al acercarme, descubrí que eran de agua cristalizada y las soportaban pilas interminables de libros y que me hicieron recordar mi gran amor y apego a la lectura. Con un impulso irrefrenable, comencé a escalar esas piedras y finalmente encontré un lugar seguro y fuera del alcance del padre de Shaylee.

Eason me tomó de la mano y volando entre los árboles, me regresó al cementerio, en donde el padre de Shaylee se acercaba a ella con pasos rápidos y decididos. Mi mano temblaba, pero alcancé a escribir un párrafo en donde Darrick tomaba de la mano a Shaylee, la subía a su caballo y trotaban, hasta perderse al alcance del enardecido padre. Llegaron al Bosque de Wicklow  a los escalones cristalizados que yo había visto unos segundos antes. Rápidamente Darrick ayudó a bajar a su amada del caballo y subieron por aquellos hermosos escalones. Eason me apresuraba cada vez más.

Continué con mi historia y los jóvenes llegaron a la cima de los escalones y encontraron un río con una barca que Darrick tenía preparada tiempo atrás, e invocando a Ernios dios del viento, la abordaron. Ernios, cómplice de los jóvenes enamorados, sopló fuertemente y la barca avanzó rápidamente a lo largo del río. Los gritos y clamores se escuchaban cada vez más cerca. El padre de Shaylee llegó a la orilla del río tan sólo para observar cómo la barca se perdía en el horizonte. Tarde ya, el rey se dio cuenta de que había perdido la más grande de las batallas, el amor y la presencia de su hija.

Eason me tomó de la mano y en segundos estábamos de regreso en mi habitación. Intercambiamos miradas y un fuerte  abrazo nos unió. Eason esbozando su peculiar sonrisa, me dijo:

-Salvaste a esa pareja de enamorados, pudiste cambiar tu historia al final, gracias a tu presencia en ese lugar. Siempre estaremos contigo, los duendes, elfos y hadas para acompañarte a escribir tus historias y cuando desees cambiarlas, sólo piensa en mí y estaré contigo, para llevarte de vuelta a tu amado Bosque de Wicklow, en donde podrás   decidir el rumbo de tus cuentos.

Dándome nuevamente un abrazo desapareció, y caí en un profundo sueño…

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