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Lucía sabía que no podía seguir así, noches con horas y horas sin dormir, buscaba la manera de salir de ello, exploraba alternativas y nada. Una madrugada, harta de estar harta -como canta Serrat-, encendió el televisor poco antes de las cuatro; daban una receta para cocinar cordero. Se le ocurrió que podía enfocarlo así, registrar ingredientes, utensilios y escribir el paso a paso hasta terminar el plato. Tenía que pensar en un nombre… Fiesta para la Fiesta.

“FÊTE PAR LA FÊTE”

INGREDIENTES

Ella (Lucía)

La gente. Tres o cuatro puñados a discreción.

Una amiga cercan (Georgina).

Un amigo también muy afín (Marco).

Él. Así, él.

Una arpía controladora, guapa (Genoveva).

La fecha adecuada.

PREPARACIÓN

En una oficina grande de tres plantas previamente preparada con internet e intranet, se distribuye a la gente; un poco más de ellas en el primer piso, de manera uniforme; un poco menos en el segundo, también parejo y en la planta alta, apenas dos o tres, o cuatro como máximo.

Tres meses antes de las fiestas se sazonan, de abajo hacia arriba. Desde el tercer piso se permite y alienta que organicen un intercambio de regalos y un convite; algunos de los más entusiastas se encargan de proponer el monto mínimo de los regalos, de hacer el sorteo e incluso de realizar una colecta entre los compañeros para comprar nuevos adornos (siempre emociona decorar de forma diferente).

Se deja marinar el ánimo, se revisa periódicamente que todos se encuentren con ánimo y sin rencillas que dificulten la preparación final; para evitar que sabotee los festejos, se sostienen charlas y se piden consejos a Genoveva de Recursos Humanos, a quien varios a sus espaldas llaman “la arpía”. En caso de contar con una arpía con otro nombre o de otro departamento, puede sustituirse y ser tratada de la misma forma.

Cuando el ambiente es ya propicio, esto es, cuando la fecha se acerca, se embellecerá la oficina. A partir de ahí, todos los ingredientes buscarán un atuendo apropiado. Unos comprarán, otros reciclarán y alguno que otro, desafortunadamente, ni lo pensará. De todas formas él pedirá que se preparen.

En ese momento Lucía se reúne con Georgina y Marco, platican sobre su vestido y su arreglo, les pregunta si no es demasiado sugerente o discreto de más, si creen que él lo notará. Él, por su parte, duda si el atuendo casual que eligió le gustará a ella; incluso si será oportuno hacer durante la fiesta la primera movida. En todo caso, esas emociones condimentarán el evento.

El día del convite, a la hora citada, se incorporan los ingredientes, en pequeños grupos, en parejas, uno a uno. El jardín trasero y la planta baja se habilitaron previamente: Se retiraron escritorios y sillas, se instalaron una lona, mesas laterales, y dos mesas, una para los alimentos y otra para el bar. Se reparten bebidas y botanas, se mezclan las personas, se charla, se ríe.

Él mira llegar a Lucía con Georgina y hace por encontrarse en su camino. Se saludan con un beso, peligroso el de ella y él, muy cerca de la comisura de los labios; ambos creen que fue el otro quien lo provocó y sonríen. Se dejan reposar. La noche pasa lentamente, él lleva una copa a Lucía que comía sola. Se enfrascan en un agradable diálogo. La mesa está servida…

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