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Cuando murió mi madre y después de unas semanas de duelo inicié la no grata tarea de limpiar su guardarropa. Mi madre tenía la manía de guardar todo así que la cantidad de cosas que tenía era enorme. Todo iba bien hasta que encontré una caja de zapatos llena  de cartas. La mayoría estaban dirigidas a mis abuelos; sin embargo la última carta fue, en un inicio, un gran misterio para mí. Esta carta ya amarillenta por los años estaba escrita en un lenguaje que no reconocí. Decidí pues llevarla con un amigo que es director de un centro de lenguas extranjeras y le pedí que me ayudara a identificar el idioma. Mi amigo al verla reconoció que estaba escrito en polaco sin embargo él no podía traducirla pero uno de los profesores del centro venía de Polonia así que le pediría el favor de traducirla por lo que me solicitó que se la dejara y que regresara en una semana.

Así lo hice, pasó la semana y mi amigo tenía listo la traducción la cual me la entregó no sin antes mencionarme que el contenido era de lo más interesante. Ya en casa me dispuse a leerlo, me acomode en un sillón e inicié la lectura. La carta fue escrita por un joven polaco de 25 años el cual estuvo preso en Treblinka. Él le escribía a su joven esposa (también presa en el mismo campo) la cual estaba esperando un hijo suyo. En la carta el futuro joven padre le explicaba a su hijo, entre otros asuntos, la receta con la cual podría sobrevivir el exterminio. Citando textualmente:

“Por último hijo mío cuando creas que el mundo está en contra tuya, cuando sientas que la desesperanza y el odio amenazan tu existencia recuerda seguir esta simple receta de vida. Mezcla por partes iguales lo siguiente: acepta la realidad sin resentimiento, siente compasión por los demás, agradece a la vida lo que te ha dado y por último el más importante perdona desde el fondo de tu corazón a tu enemigo. Esta receta prepárala todo los días y bébela en sorbos pequeños durante el día. Veras que esta sencilla receta te permitirá tener un alma en paz y así podrás caminar ya sea por el infierno o por el paraíso. Con amor tu papacito”

Ya han pasado diez años desde que descubrí la carta la cual sigo conservando. Ignoro si alguna vez llego a su destino final o bien porque azares del destino la tenía mi madre. Ahora soy padre de una niña y creo que la receta del pasado escrita por una mano anónima y amorosa sigue siendo válida hoy día. Pienso que tanto los padres como el hijo ya no caminan esta vida por lo que me siento obligado a honrar el amor de un padre preparándole a mi hija la receta esperando que le sea útil para caminar por esta vida la cual, como una moneda, es tanto infierno como paraíso.

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