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El reloj de la estación Penn en Nueva York marcaba las 6:45. Era una mañana fría y con demasiado bullicio. Me acerqué al andén en espera de la señal convenida, con mi singular visita, para abordar el tren.

A la distancia, pude observar una mano con un guante de piel café marrón, y que sobresalía por una de las ventanas del tren. ¡Listo! Esa era mi señal. Con mi pequeña maleta en mano, avancé rápidamente hacia la puerta más cercana desde donde se movía, de forma incesante, la mano con el guante.

Abordé con emoción y nerviosismo y pronto me encontré, frente a frente, a una mujer de edad madura, de aspecto hosco, cabello con corte tipo príncipe valiente, enfundada en un traje sastre café, una camisa roja brillante, con un llamativo pendiente al frente y bufanda café claro con destellos color hueso. Con timidez me acerque y con un ademán bastante varonil, me indicó que me sentara frente a ella.

-¡Hola Patricia! Me dijo con voz ronca y autoritaria.

-¡Hola Patricia! Le respondí temerosa.

 El no haber mostrado malestar al llamarla por su nombre, me hizo sentir cómoda y tranquilidad.

Pronto el tren comenzó a moverse y así dio inicio mi encuentro con tan singular personaje.

Varios meses antes, escribí una carta a Patricia Highsmith, solicitándole una entrevista. Sin respuesta y cuando ya había perdido toda esperanza, recibí una misiva en la que me citaba para vernos en Nueva York, ya que ella viajaría desde Suiza a una presentación. No podía salir de mi asombro. Esta mujer solitaria y enemiga de cualquier contacto humano, y que vivía sólo acompañada de su gata Charlotte y un criadero de caracoles ¡Había aceptado una entrevista!

Me mencionó que haríamos una corta visita a la Comunidad Amish en Lancaster (Los Amish son una comunidad religiosa tradicional, que viven anclados al pasado y conservan sus costumbres, vestimenta, su forma de vida y sobresale su trabajo como carpinteros, agricultores y granjeros. Su transporte sigue siendo una carreta tirada por caballos y llevan una vida sencilla y totalmente alejada de la tecnología moderna). Confieso que al principio no encontré razón alguna para visitar la comunidad, pero la idea de lo novedoso y diferente, me entusiasmó.

A los pocos minutos de iniciar nuestra travesía, el hombre encargado de la cafetería, nos ofreció una taza de té y ambas la aceptamos. Sin dejar de mirarme, Patricia bebía a sorbos su té y súbitamente, me preguntó:

-¿Sorprendida?

-Un poco…sí. Nunca pensé que aceptaría esta reunión.

Esbozando una ligera sonrisa y que pronto desapareció, me dijo:

-No suelo conceder entrevistas, pero tu carta despertó mi curiosidad, tu gusto por la lectura y por escribir, me agradó y sobretodo, tu gusto por la naturaleza y las tradiciones me convenció.

Desviando la mirada hacia la ventana, Patricia permaneció unos minutos en silencio. Por un momento creí que así sería todo el trayecto, un interminable y tenso silencio, sin embargo, la conversación se reanudó cuando Patricia me hizo saber que nuestra visita a la comunidad Amish, me permitiría conocer la paz, la serenidad y la inspiración que lugares como este propician. Me relató como gustaba de visitar Lancaster, cuando iniciaba alguna novela.

Sólo por que conocía el tiempo de trayecto a Lancaster, supe que habían transcurrido las casi 4 horas de camino, ya que la conversación fue interesante y a ratos, podría decir que agradable.

Al llegar a Lancaster, un flamante auto con chofer nos esperaba. El recorrido nuevamente fue en silencio, el cual agradecí, ya que me permitió disfrutar de la carretera, que se veía eventualmente transitada por carruajes tirados por caballos, la exquisitez de los campos magistralmente sembrados, y por el paso de algunos integrantes de la comunidad Amish, con sus tradicionales vestimentas y andar pausado.

Finalmente llegamos a una granja Amish, en donde fuimos atendidas con gran sencillez y amabilidad. Fue hasta ese momento, en que Patricia decidió compartir conmigo, una semblanza de sus libros.

-“No me entrevistarás” me dijo con actitud determinante. Yo te mencionaré brevemente sólo tres de mis obras”.

-“El Talentoso Sr. Ripley” es claro ¿o no? Se requiere talento y audacia para suplantar a alguien y mucha sangre fría, para alcanzar un objetivo ¿verdad? Muerte, mentira y crimen…

-“¿Carol? No te diré mucho de ella, sabes perfectamente por qué la escribí y a pesar de la actual apertura social, siempre tienes que pagar un precio muy alto, por arriesgarte a vivir a tu modo la vida…

-“Extraños en un tren”? Mmmm…(clavando su mirada en mí) me dijo:

-“En este libro quise reflejar, no sólo la intriga y el crimen, sino como una sociedad corrompida, puede dañar y muchas veces llegar a matar, por avaricia y poder. En este punto, Patricia me dejó ver el porqué de nuestra visita a la comunidad Amish, y que tal vez de una forma extrema, pero ellos conservaban aún, los principios y escrúpulos de la naturaleza humana”.

Con un poco de sarcasmo me dijo:

-“No te preocupes. Nadie te hará daño en el tren de regreso”. Me dijo en un afán de bromear conmigo.

Hubo una corta pausa en su conversación, y con la rapidez y misterio, de la misma forma en que nos conocimos, se levantó, me tomó con ambas manos y me susurró al oído:

-“Te dejo en este lugar para que pienses y decidas cómo serán tus próximos libros y qué tipo de vida, deseas vivir”.

Patricia dio la media vuelta y salió de la granja, y contrariamente a lo que se pudiera pensar, me dejó tranquila, en paz y muy agradecida por su generosidad, al compartir conmigo ese singular y diferente día en mi vida…

Patricia Highsmith escritora estadounidense, murió en Locarno, Suiza en 1995, dejando una obra polémica y siempre llena de intriga, misterio, crimen y culpa.

 

 

 

 

 

 

 

 

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