Home

Cándida era su nombre
nunca su apellido supe
junto a ella siempre hambre
de fiesta y vida a tope.

De juego yo le llamaba Eréndira, ella me decía Aureliano. Con esos personajes (y en ocasiones algunos otros) creábamos candentes fantasías, inventábamos juegos y el placer fluía.

El favorito de ella
era el solaz por roles
dominada era bella
los dos ojos como soles.

Aquella tarde le ordené que acudiera a un bar cercano. Las reglas fueron claras y sin margen: Ninguna pregunta, puntual y con el atuendo seleccionado específicamente por mí para ese encuentro.

Caminó las cuatro calles
con su blusa escotada
la falda ceñida al talle
forzando toda mirada.

Con algo de ansiedad, aunque con cierto y natural temor, soportó silbidos y comentarios por la calle, ignorándolos todos, pero al mismo tiempo disfrutando ser el centro de toda esa atención.

En el bar yo la esperé
escondido a su mirada
qué pensaba no lo sabré
observaba su pisada.

Entre las luces se abrió paso con firmeza, no supe si era confianza o una barricada para darse seguridad. Seleccionó una mesa en la orilla y pidió algo de beber al mesero; sus ojos recorrían el lugar, me encontró.

Un gesto y una orden
permanecer en la mesa
esperando que se acerquen
tentados por su belleza.

Muchos lo intentaron pero uno a uno fueron cortésmente rechazados; yo jugaba a adivinar a qué se dedicaban. Mientras complacido y tranquilo bebía mi copa, ella esperaba la siguiente instrucción.

No sabíamos nosotros
a donde llegaríamos
mirábamos a los otros
por dentro sonreíamos…

4 pensamientos en “El juego por Octavio Lehmann

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s